El verdadero motor del periodismo

Por Marcelo Oliván (*)

La rotativa Heidelgerb Harris de 2,5 millones de dólares y la cadena de distribución en kioscos físicos del diario El Popular. La antena, el edificio y la planta transmisora de la AM de LU32. Los estudios de calle Dorrego, el cableado en cada calle y las cámaras del viejo Canal 5 de Olavarría. Hace apenas 15 años, esos artefactos e instalaciones hacían la diferencia entre ser propietario de un medio de comunicación y no serlo. Hoy no hacen ninguna diferencia en este punto.

Hasta 2005, aproximadamente, valían millón sobre millón, y si uno no tenía la suerte de heredar un medio no llegaba nunca a gerenciar uno. Nunca. Jamás. Romper con esa regla era imposible, ilegal o repudiado: los que se animaban pagaban el costo económico, político, legal o social de la aventura. Tal vez Reinaldo “Cacho” Warmann sea la única excepción a la regla. Y esa excepción no duró toda la vida.

Fue así hasta la llegada de Internet. Con mayor precisión local: hasta 2006. Entre fines de 2005 y principios de 2006 Cablevisión anunció que lanzaba la conectividad de Fibertel en Olavarría. Esa fue la bisagra que empezó a convertir a la infernal infraestructura de medios citada más arriba en maquinaria obsoleta. Con el lanzamiento de Fibertel como competencia al que era el único servicio de Internet hasta ese momento (Speedy, de Telefónica) Olavarría pasó a ser “zona cero” (plena competencia) y las tarifas bajaron a la mitad.

No lo pensamos mucho. En un primer piso de Alsina y Colón, con el único soporte de dos computadoras, una cámara de fotos, un Nokia 1100 y un VW Escarabajo como móvil, desde la nada diseñamos y lanzamos infoeme.com, que lejos de ser el triste fantasma en el que lo han convertido sucesivas gestiones, era un medio joven y dinámico, lanzado directamente a romper con 25 años de monopolio de periodismo escrito en la Ciudad.

Se rompió un dique. Se terminó una época (hermosa, donde los periodistas se pensaban en relación de dependencia) y empezó otra (fascinante, donde los periodistas generan sus propias plataformas de contenido). Desde entonces, incluso desde un poco antes, decenas de colegas crean, conducen y producen sus propios proyectos informativos multimedia.

Hoy, un 1 de setiembre, exactamente 14 años después de aquel quiebre de aguas, un grupo de periodistas jóvenes pero experimentados, con un recorrido firme por varios medios, están plantando otro jalón en la historia de la prensa de Olavarría.

Uno de ellos, Josefina Bargas, ha sido una enorme colaboradora y puntal del aquel viejo y digno infoeme.com. Otro, Alexis Grierson, viene siendo un estudiante inquieto de periodismo que siempre consulta, cuenta y escucha consejos en los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales. Ambos han sido mis alumnos en la materia donde trato de trasladar algo de teoría, bastante de práctica y un poco de experiencias en esto de hacer y gestionar medios propios.

Conozco al resto, un poco menos, pero me alcanza para saber que son todos hijos de laburantes, periodistas que no se han puesto tarifa. Sólo este tipo de nuevos profesionales se lanza al abismo por el que se impulsan a volar los integrantes de “Central de Noticias”. Gestionan por eso, por oficio y convicción.

Es un enorme orgullo que me permitan apoyarlos desde este auspicio iniciático. El camino que comienzan es durísimo pero transformador como ningún otro. Pasar de empleados a responsables de un medio propio no es un cambio: es una mutación total. Nada es lo mismo, para bien y para mal. Crecerán a los golpes. Dentro de 10 años estarán ayudando y enseñando a otros.

La brutal transformación de los medios de comunicación ha facilitado algunas cosas (la producción, la distribución, la velocidad de llegada a las audiencias) pero ha complicado otras. Generar los recursos publicitarios, lograr ingresos sostenidos, estabilizar las cuentas, es un tema que este “CdN” padecerá, pero lo hará junto al New York Times, a The Guardian de Londres, al español Diario.es (que tantas veces analizamos en clase con Josefina y Alexis) y al Fénix de Benito Juárez. A todos les cuesta. A todos los desvela esa ecuación vital de ingresos y costos.

Pero a partir de este hermosísimo proyecto dos cosas son inalterables y, también puertas afuera de esa Redacción que hoy debe estar en llamas, serán un avance simbiótico entre Ciudad y periodistas.

Lo primero, a Olavarría un nuevo medio como el que hoy se lanza le hace bien. Largamente. Por experiencia sabemos que cuando un nuevo medio con potencial sale al ruedo el resto del ecosistema noticioso se despereza, abandona la comodidad, trata de competir, la media general de los productos periodísticos mejora y la audiencia local tiene acceso a una más original, más profunda y más entretenida información. Ahí ganan los lectores, como tales pero también como creadores, críticos y difusores de contenidos en redes sociales, que para eso se hizo Internet. 

Lo segundo, y más profundo para la profesión, es que este grupo puede demostrar que el paso a un nuevo tiempo tecnológico vuelve a poner en valor a la gente y no a la maquinaria. Si los implementos técnicos que citamos al inicio de esta columna forman parte de una era pasada, la analógica, tal vez en la actual, la digital, los dispositivos tecnológicos tampoco sean lo importante.

Tal vez este proyecto, ojalá, sirva para demostrar que ni aquella vieja maquinaria ni esta nueva plataforma en las redes sean el sustento único del periodismo. Tal vez la base de la conversación entre periodistas y su audiencia no sean ni las teletipos ni aquellas enormes consolas, pero tampoco los servidores, los servicios de hosting ni las páginas web.

Tal vez, ojalá de nuevo, el basamento sea ni más ni menos que el amor al periodismo que encarna el equipo que hoy lanza este proyecto. Si nos demuestran eso, ganamos todos.

 

(*) Creador de infoeme.com. Profesor de periodismo.