Palabra de Rana

Por Lucrecia Manso / @laranadespierta

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La Rana me trae de regreso cuando me alejo y me pierdo. En su quietud me encuentro y despierto. Cierro los ojos y puedo ver.

 

Me tomo un instante. En la quietud puedo observar el mundo. Descubro y veo aquello que en el movimiento sin pausa no puedo alcanzar, distinguir. Necesito la quietud de mi cuerpo para descubrir el ritmo constante y sonante de la naturaleza. En mi interior y alrededor. Escucho mi respiración y el latido de mi corazón. Sólo así descubro la importancia del sonido que vibra y siento, puedo oír o no, pero siento.

 

Encuentro que la palabra es sonido, es movimiento. Puedo percibir su impacto más allá del pensar. Descubro que cada palabra me lleva al encuentro del mundo. Es un paso que me acerca, o me aleja. Me eleva, me trae a la tierra. Me confronta o abraza. Me rechaza o me comprende.

 

¿Las palabras se sienten? ¿Las palabras se piensan? ¿Dónde nacen las palabras? ¿ La primer palabra nació para expresar el amor o para evitar la guerra?

 

Cada palabra dicha se lanza como un rayo de luz o un proyectil que va directo, al centro de quien la recibe. Se expande y recorre su ser completo. ¿Donde resuena lo que te he dicho? ¿Su eco cuánto durará? ¿Cuántos encuentros abrirá? ¿Será que mi palabra te aleja aún más? ¿He desperdiciado otra oportunidad?

 

Pienso o siento que si cultivo palabras certeras, entonces puedo alejar la violencia. Ella brota de la impotencia, del enojo, del temor a ser dominado y el deseo de querer conquistar. No soy de nadie. No me perteneces solo la palabra nos acuna y envuelve, nos reúne y conecta. Es sonido para disfrutar. Es un grito para celebrar y ahuyentar los fantasmas de la soledad.

 

Cada palabra es un gesto, una acción que incide en mí y en mi entorno. Si pudiera levantarme cada día consciente de mis expresiones podría ir mejor este mundo que crece entre lo que digo, pienso y hago.

 

Como La Rana podría aquietarme, hacer silencio y escuchar. Lo que te he dicho y lo que no. Me reconstruyo y voy camino a tu encuentro con palabras más brillantes y luminosas. Que siembren posibilidades. Que busquen encuentro en el desencuentro. Que hilvanen las distancias y nos igualen en las posibilidades de decir. Que mi palabra sea hilo que remienda y no proyectil. Que mi palabra ayude a construir un mundo menos violento. Es hoy. Ya está aquí.

 

Palabras semillas. Germen de lo que vendrá. Pueden disipar todas las posibilidades o pueden multiplicarlas hasta el infinito.

 

Un mundo de palabras quiero cultivar e incidir con ellas para la paz.

 

Respiro. En la quietud encuentro la fuerza para el próximo movimiento. Que sea justo y consciente.