La perseverancia como modo de vida

Marcela Longo egresó de la Facultad de Ingeniería de Olavarría y hace 20 años que trabaja en la industria alimentaria norteamericana. Entrevista realizada desde la Facultad local.


 

“Tengo unos recuerdos hermosos de la Facultad de Ingeniería”, dice Marcela Longo Williams a casi 11 mil kilómetros de Olavarría, que se acortan a unos centímetros través de Zoom. Recibida a fines de la década del ’80 de Ingeniera Química Industrial, la olavarriense está radicada en White City, Oregon, donde trabaja hace 20 años en la industria alimentaria de esa región estadounidense.

 

Ni bien se graduó buscó trabajo en una época donde la economía nacional y local no atravesaban un buen momento, así que decidió irse a vivir con una tía a Remedios de Escalada (Lanús). Llegó, compró el diario y se presentó a una entrevista donde pedían ingenieros químicos para una panificadora que abastecía la cadena de supermercados Llaneza.

 

“Fue muy interesante”, afirmó. “No sé si era ingeniería pero lo importante era empezar a trabajar, conocer el campo laboral. Y lo más difícil es salir de la ciudad”, expresó. “Mi adolescencia fue en la etapa de la dictadura, no tuve una vida muy social, así que salir de la ciudad era algo muy grande y muy valioso. Algo que duele pero hace crecer”. En la panificadora trabajaba con materias primas, iba a la planta, verificaba procesos, controlaba tiempos e interactuaba mucho con los trabajadores.

 

Internacional

 

Pero, como una constante que aparecerá a lo largo del relato, Longo buscaba crecer y hacer algo diferente. Así que al año se fue al laboratorio alemán Hoechst, y en la industria farmacéutica comenzó su carrera en el control de calidad, a través de entrenamiento, consultores externos y laboratorios de alta tecnología. De todos los empleos que tuvo guarda lindos recuerdos, “aún tengo amistades de ese trabajo”, señaló.

 

 

Allí permaneció dos años y aceptó un empleo en otro laboratorio como supervisora de embalaje; el salario era mayor y le quedaba más cerca de su casa. “Era muy aburrido, pero aprendí gestión y manejo de conflictos. Por primera vez tenía un grupo de personas a cargo”. Luego llegó “el gran trabajo”, como lo denominó Longo: la empresa cosmética Wella.

 

En la sede argentina de la empresa lució su potencial de química industrial. Con un rol muy activo, la profesional formó parte de la creación del manual de calidad, de la implementación de las normas ISO 9000, sobre todo en el área de envasado, “pero mi trabajo era más amplio”, contó. “Funcionamiento, procedimiento, instrucciones, era muy hermoso ese trabajo, a nivel humano no había mucho conflicto, nos llevábamos bien y logramos implementar todo con éxito. La sala de envasado tenía muchos procedimientos, en el tema tintura era impensado que un tono castaño vaya en un rubio entonces las medidas eran muy sistemáticas, hacíamos trabajos de estudio de línea, entrenamientos”, destacó.

 

Como los directivos de la empresa eran extranjeros, Longo decidió hacer un curso de inglés en Inglaterra. “Pensé que sabía inglés, pero no. Por suerte cuando iban hablaban en español”, recuerda con simpatía.

 

Un cambio de destino

 

De Inglaterra a Estados Unidos, donde es auditora de seguridad en una empresa de alimentos orgánicos y vegetarianos hace 13 años, hay todo un océano de distancia. Y que haya decidido ir al país norteamericano a aprender inglés fue resultado de una invitación, de parte de quien se convirtió luego en su esposo. “Lo conocí cuando era joven. Estuvo en Olavarría un tiempo adonde fue a hacer una misión de la Iglesia Mormona y lo adoraban, era un argentino más: tomaba mate, teníamos amigos en común”, relató la ingeniera. En aquellos años una computadora en el hogar (y ni hablar personal), era algo peculiar, por lo que Craig le escribía a ella para comunicarse con las amistades en común que no tenían computadora. “Me invitó a irme allá a estudiar inglés. A quedarme en lo de sus padres en Oregon. Nunca me hubiera imaginado emigrar”, dice dos décadas luego de aceptar la invitación.

 

 

Al principio trabajó cinco años en una empresa procesadora de fruta para jugos, frutos secos y demás. “Llegué con una humildad terrible, creía que no iba a poder trabajar en algo técnico, y sabía poco inglés. No entiendo ahora por qué en aquel momento creía eso, pero tuve la gran suerte de encontrar esta compañía alimentaria”. Justamente necesitaban a alguien que hablara español, ya que el puesto era en Recursos Humanos, puntualmente en el área de administración de personal temporario “ya que el 70% del personal temporario es mexicano”, indicó. “Fue muy lindo a nivel humano”.

 

Pero su espíritu perseverante la llevó nuevamente a buscar algo mejor. Así llegó a Amy’s Kitchen, una compañía de comida enlatada y congelada, completamente orgánica y vegetariana. “Oregon es un valle y su industria agrícola es muy importante”, resalta. Se sumó como técnica de materias primas, luego renunció para estudiar una certificación de ingeniería de calidad y al tiempo la volvieron a contratar como supervisora de control de calidad, luego como auditora, “y ahora estoy en el departamento legal. Allí hago auditorías del proceso de enlatado que está muy muy regulado legalmente por los altos riesgos que hay de botulismo o contaminación”, cuenta.

 

Sobre eso se explayará en la charla organizada por el Centro de Graduados de la Facultad de Ingeniería, que pertenece al ciclo “Profesional se hace”, donde personas egresadas de la Casa de altos estudios hablan de diferentes escenarios del campo laboral.

 

Amy’s Kitchen además está abriendo una cadena de fast food y ya tiene tres locales, bajo un principio de sustentabilidad muy presente. De hecho, en los locales de comida rápida se pueden observar los paneles solares que brindan energía al proceso. “Los dueños son excelentes personas que profesan la religión hindú”, resalta Longo.

 

Otra cultura

 

“A la Argentina voy cada 2 años, no aguanto más sin ver a mi familia, aunque estoy en contacto todos los días a través de WhatsApp”, asegura. “Tengo familia en Laprida, en el sur, en Neuquén”.

 

Respecto a la vida en Estados Unidos, Marcela Longo cuenta que le costó acostumbrarse. “Mi esposo es muy argentino, pero tuve altibajos. Tuve que aprender a conocer a las personas y luego fue mucho más fácil. Hay que escuchar mucho, observar y adaptarse al estilo”, aconsejó. “Y ser humilde, entrar al ambiente laboral y probar gradualmente que tenés una formación”.

 

 

Si bien admite que “es una sociedad complicada, en este momento está más difícil porque hay que tener cuidado con grupos de gente que no aceptan a otras culturas, en general el país tiene una dinámica más que interesante. Uno puede expandirse mucho, y las posibilidades son claras. Yo he sido muy conservadora porque no he salido desde esta zona, pero si uno puede moverse en el país puede crecer mucho más”, sostuvo la graduada de la FIO.

 

Coronavirus

 

Por último, se refirió a la situación de pandemia. “El personal administrativo que puede trabaja desde la casa. No es mi caso porque hay documentos que no pueden salir de la planta así que voy a trabajar pero tenemos muchísima protección, máscaras, guantes y nos toman la temperatura”, explica. Recientemente incorporaron el test mensual, para detectar personas asintomáticas. De mil personas que trabajan en la empresa, detectaron que 4 eran COVID-19 positivo y no tenían síntomas.

 

“Yo ya me lo hice dos veces, pero me siento tranquila, casi no hay gente donde trabajo. Y con la protección que tengo si me contagio, lo hago afuera, porque si hay algo que aprendí de trabajar en la industria, es de prevención microbiológica”, opinó, y aseguró que no come alimentos que no estén preparados por ella. “Si como algo crudo lo higienizo mucho, y prefiero comidas calientes”, relató.

 

Finalmente, destacó la enseñanza de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN. “Todo lo que aprendí en la Facultad me sirvió: el criterio, el pensamiento, la base química, nunca tuve ningún problema. Siempre pude hacer todo, a veces con poquísima instrucción”, dice orgullosa. “Trabajé mucho en automatización, procesos y jamás tuve ningún problema. Es una educación muy profunda, y tengo mucho respeto por la Universidad. Uno cuando sale puede comprobar que allí hay mucha gente valiosa, educada, cortés y amorosa. Tengo un gran cariño por todos allí”, expresó.