Urgente

Por Lucrecia Manso / La Rana Despierta

 

Nos hacemos adultos. Usamos anteojos para ver más lejos, enfocar la mirada o ver al detalle. Probamos unas lentes u otras. Seleccionamos. Nos acomodamos.

 

Si nos prestan otros anteojos enseguida los devolvemos. Nos incomoda, no comprendemos, vemos borroso, nos marea.

 

Los marcos comienzan a parecer naturales. A veces olvidamos que tenemos anteojos puestos. Incluso no nos gusta vernos sin ellos. Nos extraña.

 

Vamos perdiendo asombro. Lo que irrumpe frente a nuestros ojos. Lo novedoso, se amalgama en la escenografía de nuestros días. Seguimos.

 

¿Qué sentimos? ¿Qué nos produce? Lo que nos impactó hace un instante, luego ya pierde importancia.

 

Armamos nuestros escenarios.  Ajustamos todo a nuestra vista.

 

Nuestra asombrada, maravillada, exploradora, sensible y amorosa mirada de la niñez sigue ahí aguardando nuestro regreso.

 

No conformes con dejar atrás la propia ingenuidad, precipitamos a la niñez que nos rodea para que comience a ver con  lentes enojadas,  cansadas, preocupadas, aceleradas.

 

Tomamos sus manos. Les mostramos nuestro mundo de grandes. Nuestros caminos. Nuestra velocidad. Si se caen o detienen, si su paso es otro, si encuentran un atajo o un nuevo sendero, nos esforzamos  para que se ajusten y nos sigan.

 

Colocamos en sus rostros los anteojos de grandes.

 

Imágenes. Fragmentadas. Veloces. Distantes. Repetidas. Inundan nuestra  atmósfera  y la de la niñez.

 

No sólo en la pantallas. En la calle. En casa. El Flash. Lo que no quisiéramos ver pero vimos. Lo que nos espanta y nos lleva tiempo asimilar. Eso sin más les compartimos.

 

Cada ser en su niñez necesita ver y crear sus mundos. Múltiples. Otros. Imágenes ricas, plásticas, sonoras, sensibles. Colmadas de experiencias, tiempos de pausas, ritmos.

 

Mirar otras maravillas. Crear otras agendas con urgencias propias.  Un mundo que intervenir y transformar.

 

En la niñez no es suficiente mirar.  Vamos al encuentro del mundo para abrazar.

 

Detener la marcha tomar una rama, observar el camino de las hormigas, el sol cambiando de color, el trazo de un lápiz sobre una hoja, un mundo en bicicleta, un mundo desde el suelo.

 

Les arrastramos a nuestro universo de lentes rápidas, confusas, caóticas, violentas.

 

Cerrar los ojos. Volver a la mirada interna. Recuperar la mirada de la niñez.

 

Caminar detrás de sus pasos. Mirar lo que nos señalan. Detenernos en su asombro. Mirar con todos los sentidos.

 

Eso es  Urgente.