La postura de la Rana

Por Lucrecia Manso / @laranadespierta


La Rana se observa a menudo tratando de conquistar la postura. Busca respetar el patrón. No logra igualar el molde. Se siente desprolija, desalineada, fuera de las formas.

Su mirada se vuelve cada vez más interna y consciente. Medita. Ese ideal está ahí como punto de partida. Cimiento para el propio movimiento.

Trato de imitar, alcanzar, ensayar, experimentar desde las propias posibilidades. Seguir de ese instructivo lo que hoy puedo hacer.

Revisar las páginas del manual. Nuevos modelos que imitar. Nuevas guías. Recomendaciones. Tutoriales. Tanto ahí afuera que ya no sé a quién seguir. Mejor vuelvo al centro.

Focalizar. Sumergirme en mi postura. Alinear. Perfeccionar. Es a diario. Cada día puedo algo distinto. Respirar mejor, permanecer en quietud. Percibir el mundo.

Otros días eso que creí haber alcanzado, se desvanece. Aquello parece lejano. Frustra. Pero internamente sé que debo seguir intentando.

¿Si pude ayer por qué hoy no? Tal vez más tarde. Observo.

La Rana sabe que aunque no logre la perfección al fin de cuentas sigue siendo una rana. Singular. Igual. No debe imitar para pertenecer a. Ya es rana.

Se pregunta ¿Para qué seguir ideales si no los voy a alcanzar?

Dar cada vez  mejores saltos la llevan hacia sí misma. Hacia lo mejor que ella puede ser. Se auto reverencia. Lo logre o no.

Sentir la satisfacción de superar mi propia postura. Saber que puedo cambiar, que hay mucho por explorar y recorrer. ¡No es maravilloso que haya tanto que aprender!

Practico cada día y descubro mis facetas. Hoy me sentí mejor dando el salto. Ayer no fue así. Mañana tal vez. El molde está ahí para guiarme.

Eso es distinto a presionar todo mi cuerpo, mi mente  y mi sentir. Quedar atrapada, inmóvil, casi sin respirar dentro de algo que al final me desconecta de mi misma. No puedo hablar ahí encerrada. No puedo manifestarme.

Me han dicho que haga esto o lo otro. ¿Pero acaso esas Ranas que enseñan saben que hay muchísimas formas de hacer y ser?

El Manual es tan inmenso como la humanidad misma. Escrito en tantas formas. Con tantos laberintos y señales. Con tantos cuentos, mitos, leyendas e imágenes que me resulta inabarcable. Por eso leo un poco. Imito. Interpreto.

Una rana entre tantas. Que copian, imitan y recrean. Todo ya está dicho. Todo está en el aire.

Leer los manuales y ponerse a hacer. Practicar. Centrarse en aprender. Eso realmente es lo que enseña.

La Rana repasa las instrucciones para lograr su postura. Pone su corazón en cada movimiento. Da su mejor salto entre tantos saltos. No compite con nadie. A nadie quiere superar. La mejor versión de sí misma quiere conquistar.

Termina el día y dejo un comentario en las instrucciones del manual, como un diálogo con mi propia humanidad.