Bancos: billetes rociados con alcohol y un sillón para desinfectar

Los cajeros automáticos nunca fueron el mejor servicio de los bancos, con bastante frecuencia dejan de funcionar y demoran la atención. Pero con la pandemia, nuevos problemas surgieron. Y además, un sillón que terminó en el patio de una sede bancaria.


El viernes, una mujer entró a un banco en Olavarría, se sentó en un sillón y pidió ser atendida con urgencia porque tenía Covid-19. Se desató la histeria.

Una recomendación rápida: no rociar con alcohol los billetes ni los cheques antes de depositarlos en un cajero.

Prevención propia

Con la emergencia sanitaria por la pandemia se establecieron protocolos de limpieza de los bancos que, por supuesto, incluyen a los sectores donde están los cajeros y los ATM. Pero muchos vecinos desconfían del cumplimiento de esas medidas. Y allí comienza un problema: algunos usuarios toman sus propias medidas preventivas.

De las medidas con mayor efectividad en la prevención del coronavirus está la higiene de manos y para ello el uso de alcohol es uno de los más populares. Al mismo tiempo, el dinero es uno de los objetos más temidos en los contagios: la circulación por tantas manos y durante tanto tiempo lo ubica potencial como transmisor del Covid en cada oportunidad en que se toma contacto con un billete. Y aquí se suma otros aspecto a este problema.

En los cajeros de los todos los bancos, se incluyen recomendaciones a los usuarios para operar las máquinas que son altamente sensibles para reconocer el dinero que se deposita. Se indica la cantidad de billetes o cheques a ingresar, que no se ingresen monedas o clips, que se le quiten los broches o ganchos a los papeles, que los billetes no estén dañados y hasta la forma de uso de los sobres en los casos que se requiere.

Si alguna de estas instrucciones o recomendaciones no se siguen, el resultado es que las máquinas se traban. Sucede con más frecuencia de la que los usuarios más habituales quisieran. En general, un empleado de la entidad debe acceder al equipo y destrabarlo para que continúe su funcionamiento. Pero todo esto lleva tiempo y redunda en el fastidio de los usuarios que siguen en la fila, cuando no genera discusiones si se identifica al “culpable” de la demora y a veces hasta se responsabiliza a los empleados bancarios con más discusiones y mal humor generalizado.

Pero la combinación de los aspectos antes mencionados -usuarios que aplican sus propias medidas preventivas y el miedo al contagio a través de los billetes- derivaron en novedosos problemas que demoran e interrumpen el funcionamiento de los cajeros. Quienes suelen pasar muchas horas a diario en los cajeros cuentan que ingresan usuarios con sus sprays de alcohol y limpian las máquinas antes de usarlas. Y que hay otros que además le ponen alcohol a los billetes antes de depositarlos: no está en ninguno de los carteles, pero los papeles mojados también traban las máquinas.

Un sillón para desinfectar

La frase de la mujer sorprendió a todos en la sede bancaria local: pidió ser atendida con urgencia porque había recibido el resultado positivo del testeo de Covid-19.

Era casi el mediodía del viernes y se había ubicado en un sillón frente a los escritorios de atención personal. Central de Noticias habló con una de las personas que presenció la escena. Había pocas personas en espera para la atención en las cajas, ya que a los turnos otorgados con antelación se suma que sólo ingresa una cantidad limitada de usuarios.

Igualmente, entre los pocos presentes se vio un revuelo generalizado. Se presentó el empleado de seguridad y obligó a la mujer a salir del local. Mientras tanto, el personal de limpieza llegó a desinfectar el sillón con distintos productos. Terminaron sacando el mueble al patio con más sanitización personal.

“Casi lo prenden fuego” contó la fuente. Nunca sabremos si la mujer efectivamente estaba infectada o si lo dijo para lograr ser atendida inmediatamente. Actuó con inconsciencia y desató la preocupación general.