Raúl Alfonsín: Más que una salida electoral, una entrada a la vida

Por Francisco González (*)

El 30 de octubre de 1983 en Argentina se producía un hecho histórico. Luego de 7 años de la dictadura más sangrienta que viviera nuestro país, se realizaban nuevamente elecciones para elegir gobernantes. Fue una clara victoria del candidato de la Unión Cívica Radical, que proponía dejar atrás una etapa oscura, garantizando una vida en democracia para la posteridad.

 

Y vaya si cumplió, 37 años después podemos decir que, más allá de avances y retrocesos, hay algo que toda la sociedad entendió y es que la vida en democracia no se negocia. Para ello hubo que superar momentos difíciles, donde algunos sectores aun pretendían retornar al poder mediante el uso de las fuerzas armadas y la violencia. Pero se encontraron con un Presidente que estaba convencido de que la única manera de superar una historia argentina marcada por los Golpes de Estado, era juzgando a los responsables.

 

Y posteriormente no cedió ante reiterados intentos de torcer ese camino, el de garantizar que NUNCA MAS los argentinos y argentinas tuviéramos que atravesar días tan tristes. Estamos hablando de quizá el único Presidente que no dudo un instante en dejar de lado sus pretensiones políticas y las de su partido con el único fin de asegurar la democracia para las nuevas generaciones.

 

Decir que Raúl Alfonsín es el “Padre de la Democracia” no puede ser más acertado. Un candidato que en ningún momento de su campaña ocultó cuales iban a ser los ejes de su gobierno, sus intenciones, y que a la hora de gobernar fue fiel a sus principios y palabras. Sus enfrentamientos no fueron sólo con las fuerzas armadas, sino también con los grandes poderes económicos y sociales de aquel entonces (internos y externos); pero fue la convicción y acompañamiento de nuestra gente quienes le indicaron que era el camino correcto para la recuperación nacional.

 

Quienes no vivimos esos días solo podemos sentir la euforia y efervescencia de la recuperación democrática a través de documentación audiovisual o mediante conversaciones de quienes sí tuvieron la oportunidad de vivirlo: la sensación de recuperar la libertad, el resurgir de que todo era posible y que un nuevo país marcado por una política progresista basada en la ampliación de derechos para las minorías estaba naciendo. El tiempo agiganta esa épica para muchos hoy difícil de dimensionar, pero no quedan dudas que Alfonsín fue un dirigente que convocó e intentó representar a la totalidad del pueblo argentino.

 

Y a pesar de no haberlo vivido en tiempo presente fue lo que nos convocó a transitar los mismos caminos, a defender esos principios y banderas, a respetar las instituciones democráticas como principio fundamental para entender la participación política. A poder ver en la justicia social un derecho fundamental para cada ciudadano que pise nuestro suelo. Y a comprender que en la construcción de consensos radica la posibilidad de construir cualquier proyecto político que deseemos emprender.

 

Gracias Raúl. Gracias “Viejo”. Por permitirnos a las generaciones posteriores ver tan lejana la posibilidad de vivir bajo un gobierno de facto y entender a la política cómo una herramienta de transformación. Nos hiciste saber que hay momentos donde es necesario bajar nuestras banderas partidarias y levantar la más importante de todas cuando la unidad nacional así lo requiere, para en conjunto marchar.

 

Hoy, cuando las diferencias parecen cada vez más insalvables, pensemos en el 30 de octubre de 1983, pensemos en Raúl Alfonsín, y apostemos al diálogo, a disminuir los niveles de agresión y violencia. A construir puentes. A garantizar el buen funcionamiento de nuestras instituciones, y respetar la legitimidad de todas ellas. Nuestro país y nuestra historia lo demandan, y sólo así podemos superar errores pasados y mirar el futuro de otro modo. Nuevamente estamos ante la necesidad de convocar a una gran concertación nacional para superar estos momentos de crisis, y eso dependerá sin dudas de cada argentina y argentino. Pero, sobre todo, de una clase política que esté a la altura de las circunstancias.

 

Por ello, permítanme cerrar estos párrafos que decidí redactar con el mayor de los respetos y cariño por Raúl Alfonsín, con algunos fragmentos de su discurso una vez consumada la victoria electoral, y podremos entender lo alejado que estaba de cualquier mezquindad o agresión política, mostrándose a la altura de lo que demandaba la realidad argentina por esos años: “Yo les pido que comprendan que iniciamos una nueva etapa en la Argentina (…) Inauguramos un largo período de paz y de prosperidad, y de respeto por la dignidad del hombre y de los argentinos (…) Acá hemos ido a una elección, hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos (…) No va a ser nada fácil, pero no habrá nada imposible para un pueblo absolutamente resuelto a que la Argentina ocupe el lugar que le corresponde”.

 

(*) Presidente Comite Local UCR