“Futuro Malvinas”: Las producciones de alumnos locales que fueron premiados en un concurso provincial

Dos videos, un ensayo y un folleto. Esos fueron los trabajos premiados, los cuales podrás ver en esta nota.


Días atrás la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia, en conjunto con el Centro de Ex Combatientes de Malvinas, dieron a conocer el dictamen del Programa llamado “Futuro Malvinas”, un concurso artístico cultural, con el objetivo de pensar la cuestión Malvinas vinculada a los ejes Soberanía, Memoria y Derechos Humanos junto a las juventudes del territorio bonaerense.

 

Tal cual se detalló en este portal, entre los ganadores hay varios alumnos olavarrienses de distintos establecimientos educativos locales. A continuación te ofrecemos cada una de las producciones galardonadas.

 

Una de ellas fue el material audiovisual llevado a cabo desde el Instituto Nuestra Señora del Rosario, más precisamente las estudiantes de sexto sociales Agustina Erviti, Clara Farías, Valentina Mondi y Agustina Pini, con el acompañamiento y coordinación de las docentes Laura Hoffman y Mariángeles Glok Galli, fueron las ganadoras en la categoría Malvinas, Dictadura y Memoria.

 

 

“Poner en palabras”, fue el nombre el video, que se encuentra en Youtube y que días atrás fue publicado en las redes sociales del establecimiento educativo ubicado en el microcentro local.

 

Quienes también llevaron a cabo una producción audiovisual fueron los alumnos de  6° año de la Escuela Fray Mamerto Esquiú, quienes resultaron ganadores en la categoría “Malvinas, ayer y hoy”.

 

 

“Este es el homenaje que la Promo 2020 del Colegio Fray Mamerto Esquiu de Olavarría, le hace a la enfermera Graciela Trinchin, en el marco del Programa Futuro Malvinas”, puede leerse en la descripción del video que también se encuentra publicado en Youtube.

 

Las y los ganadores del concurso recibirán un lote de libros sobre Malvinas y un reconocimiento mediante un certificado firmado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires y el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM). Las producciones ganadoras serán publicadas y se realizará una presentación presencial de las producciones en el predio de la Ex EsMA, adonde los estudiantes viajaran una vez que las condiciones sanitarias lo permitan.

 

A la par, otras dos producciones, en este caso de alumnos de la división 5° 3° turno vespertino de la Escuela Secundaria 1 “Jorge Luis Borges” recibieron sendas menciones especiales.

 

Se trató, por un lado, del denominado Grupo Army, integrado por Samira López y Johana González, con el acompañamiento de las docentes Laura Di Lena y Romina Cerdera, quienes llevaron adelante un folleto con la temática “soberanía y bienes naturales”

 

 

A la par, también fue distinguida la presentación realizada por Martina Bazzano, Gianella Green, Gianella, Rocío Larralde y Micaela Picazo, quienes hicieron un ensayo literario sobre el rol de la mujer en la guerra. “Mujeres en lucha”, fue el nombre del trabajo, que contó también con el acompañamiento de la docente Romina Cerdera.

 

El ensayo ganador es el siguiente:

 

El Rol de las Mujeres en la Guerra de Malvinas

 

Entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, la República Argentina se enfrentó militarmente con Gran Bretaña por la soberanía de las islas. Esta trágica decisión fue tomada por una dictadura que venía ejerciendo el terrorismo de estado desde 1976.

 

Para controlar e intimidar a la población, el terrorismo de estado montó un aparato clandestino de represión con alrededor de 500 centros ocultos de detención en todo el país. Así secuestró y desapareció a sus “enemigos”: sindicalistas y políticos; líderes religiosos y sociales; alumnos secundarios y universitarios; trabajadores, activistas culturales, educadores. Se calcula que los desaparecidos fueron alrededor de 30 mil, la mayoría tenía menos de 30 años.

 

Esta planificación del control y el exterminio buscó romper los lazos de solidaridad entre los ciudadanos e imponer el terror hacia cualquier tipo de participación política. Este quiebre se exacerbó en la metodología del robo de alrededor de 500 niños, que luego de estar secuestrados con sus padres fueron, en su mayoría, entregados a personas que los despojaron de su identidad, situación que para muchos aún continúa.

 

Mientras esto ocurría, en las islas y sus alrededores hubo mujeres que jugaron un papel fundamental y que, sin embargo, continúan sin ser reconocidas. Enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas y especialistas en terapia intensiva estuvieron presentes en mar y tierra, brindando atención sanitaria a los heridos que regresaban de las Islas Malvinas.

 

Las mujeres que participaron de la guerra fueron distribuidas tanto en tierra como en mar. El buque hospital más grande que tuvo Argentina, “ARA Almirante Irízar”, contó con: María Marta Lemme, Susana Mazza, Norma Navarro, María Cecilia Ricchieri, María Angélica Sendes y Silvia Barrera; seis enfermeras civiles voluntarias sin instrucción militar que se embarcaron el 4 de junio y estuvieron presentes en la zona de conflicto a partir de la cual se las debe reconocer como veteranas, acorde a la ley. Al igual que las trece ubicadas en el Hospital Reubicable de Comodoro Rivadavia, entre ellas, Alicia Reynoso, Gissela Bassler, Sonia Escudero, Stella Morales, Ana Massito, Elsa Lofrano, tenían entre 21 y 24 años. Éstas últimas pertenecían a la Fuerza Aérea y recibían alrededor de treinta soldados por día, trasladados en barcos y en aviones.

 

También hubo varias mujeres que, al momento de iniciar la guerra, se encontraban en las enfermerías de los buques de la Marina Mercante y otras trabajando en Puerto Belgrano, en la configuración de buques en hospitales de mar. Tenían entre 15,16 y 17 años, eran unas niñas aspirantes a enfermería; en aquel momento, la Armada había abierto un curso para que las mujeres ingresaran a la carrera durante el Secundario.

 

Además de la atención sanitaria, fue muy importante el apoyo y el vínculo emocional que las mujeres construyeron con los soldados: ellas eran el primer contacto que recibían después de haber estado en la zona del conflicto. El silenciamiento del rol de las mujeres fue inmediato. En ningún momento se les proporcionó atención médica o psicológica, ni se les permitió comunicarse con sus familias durante unos días. Las cartas eran abiertas, tachadas, no podían comentar lo que ocurría, había un teléfono, pero las llamadas debían ser breves. Además –y como sucedió durante mucho tiempo después– se les prohibió que hablaran sobre el tema, principalmente porque habían visto las condiciones en las que volvían los soldados, desnutridos, con los pies congelados y en muy malas condiciones, mientras que los medios de comunicación, en complicidad con la dictadura cívico-militar habían construido una imagen distorsionada de los hechos.

 

Sufrieron abuso sexual, físico y psicológico; fueron denigradas, humilladas, silenciadas y olvidadas. Todos los casos de violación apuntan contra dos superiores: el teniente José Italia y el suboficial José Vivanco. Claudia Patricia Lorenzini fue la primera en contar su historia, luego de recuperarse de una adicción al alcohol. Ella fue abusada más de una vez teniendo sólo 15 años, cuando el rumor se extendió la obligaron a dar la baja y amenazaron con lastimar a su familia si no guardaba silencio. De esta índole se han confirmado otros cinco casos y probablemente haya más. Si nos centramos en la violencia física, Nancy Susana Stancato tenía 17 años y por saludar con la muñeca doblada su instructor le pegó con una tabla provocándole una fisura; en otra ocasión un suboficial consideró mal dicho su saludo y la golpeó en el pecho dejándola marcada; le llenaron la boca de yerba con una cuchara y la dejaron en posición firme por horas; la patearon por hacer mal las lagartijas.

 

Estas mujeres, estas niñas que vivieron también el horror y la crudeza de la guerra fueron omitidas en la reconstrucción colectiva sobre uno de los episodios más tristes de nuestra historia reciente. En la actualidad, de las más de 24 mil pensiones de veteranos de guerra que paga el Estado, no son más de trece las mujeres que la reciben y que se encuentran contempladas en la legislación. El problema es que en la ley argentina sólo se considera dentro de esta categoría a quien se encontró dentro de cierto perímetro de las islas, desacreditando así la labor de estas mujeres. Lo único que recibieron a treinta años del conflicto en el cual fueron indispensables fue una medalla y un diploma que se envió a sus casas.

 

Eran niñas, adolescentes, algunas recién entraban en la adultez, quienes sufrieron las atrocidades antes mencionadas; por este motivo, lo que ocurrió no debemos olvidarlo, hay que aprender de ello para que situaciones como estas no vuelvan a repetirse. Cuando se nombren a los veteranos, debemos recordar que no fueron sólo hombres lo que lucharon por las Islas Malvinas, las mujeres también cumplieron un rol fundamental, mientras debían atravesar abusos y discriminación hacia ellas.

 

Muchas comenzaron a hablar del tema más de dos décadas después: había quienes descreían de su experiencia, producto de tantos años de silenciamiento y del machismo que desvaloriza la palabra de la mujer. Es fundamental no olvidar el pasado reciente, pero también recuperar el papel que tuvieron las mujeres en la guerra, para que tengan el reconocimiento que se merecen y dejen de ser invisibilizadas, como sucede en una sociedad patriarcal que continúa discriminando por la sola pertenencia al género.