Cupo laboral trans travesti: la Universidad camina hacia mayor inclusión

Por Agencia Comunica

La idea surgió desde Chesida, en la Facso y se fueron sumando otros espacios con el fin de que toda la Universidad instale el cupo laboral trans travesti. Además, se pretende promover el ingreso y permanencia de las disidencias en la universidad pública.


El extenso e intenso trabajo del grupo Chesida y la Cátedra libre de Sexualidad, Género y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Sociales disparó una nueva iniciativa. Que también es una necesidad. Que se aplique el cupo laboral trans/travesti en la Unicen. Pero además de sumarse a las universidades públicas que ya adhirieron a la norma, aquí se promueve también el ingreso, permanencia y egreso de las diversidades sexuales, con el fin de generar mayor inclusión.

 

¿Cómo y cuándo surge esta iniciativa? Che Sida tuvo la idea y se fueron sumando el gremio Adunce, el claustro de docentes, no docentes y consejeros y consejeras académicas.

 

La interacción con distintas organizaciones civiles, escolares y sociales permitió observar “la importancia de ir sumando voluntades, intereses y consensos para avanzar con el cupo laboral trans travesti en la universidad”, describió Carlos Rodriguez, referente de Chesida. A ellos se fue sumando el gremio Adunce, otras facultades de la Unicen que tenían interés y la Directora de Género de la Unicen, Gisela Giamberardino. “Somos una universidad pública con impacto en la región, sabemos cómo la universidad legitima y abre puertas y somos conscientes del conocimiento que se produce en estas universidades públicas, gratuitas y nacionales. Y consideramos que no serviría presentar proyectos aislados por facultad”.

 

A su turno, la antropóloga e integrante de Adunce, Ludmila Adad, explicó que “la idea es generar acciones para que la Unicén sea una universidad cada vez más inclusiva”. Desde el gremio docente “no solo trabajamos para defender los derechos laborales sino ampliarlos, consideramos sumamente válidas las voces y acciones que vienen llevando adelante las, los y les compañeres tras/travestis y en ese sentido creemos que para estos colectivos la calle no debería ser la única alternativa laboral”.

 

En este sentido, apuntó que “creemos y consideramos fervientemente que la universidad pública debiera tener un rol social sumamente transformador e inclusivo que la construya como un lugar de inserción para estos colectivos. No solo para desarrollarse laboralmente sino profesionalmente, sabemos de la discriminación y violencia que sufren y/o que les imposibilita acceder o desarrollarse en una trayectoria educativa y académica justamente por no poder acceder a espacios de trabajo dignos. Por eso hablamos de este proyecto de acceso a la universidad a trabajar y estudiar”.

 

La iniciativa la acompañan la Facultad de Derecho, representantes del gremio docente, no docentes, estudiantes e integrantes de grupos de extensión e investigación que trabajan temáticas de inclusión, género y diversidad. El proyecto final se elevará al Consejo Superior y lo novedoso es que también se busca “facilitar, promover, estimular el ingreso a la Universidad. La resolución tendría en cuenta no solo la adhesión e implementación de cupo laboral travesti trans en la Unicen sino también la posibilidad de propiciar el acceso a los estudios superiores de la comunidad LGTB porque han sido excluidos y violentados también desde el acceso a la educación superior. Pensar una política institucional que permita el ingreso, la permanencia y el egreso a esta comunidad”.

 

Gisela Gaimberardino, desde la Secretaria de Género de Unicén, expresó que “nos gustaría que la Universidad sea habitada por estas identidades, pero además que puedan tener participación activa en cualquiera de los claustros. Lohana Berkins decía que cuando una travesti entra a la universidad le cambia la vida a la persona, pero cuando entran muchas travestis a la universidad cambia la universidad y la sociedad. Las universidades -como la sociedad misma- tiene rasgos machistas, hetero patriarcal, pero se han convertido en un actor político muy interesante para revertir desigualdades. Sería un ejemplo que la universidad tome decisiones de revertir estas desigualdades y sesgos sexistas y promueva la ampliación de derechos. Porque eso tendría fuerte repercusión en el resto de las instituciones de las ciudades donde la Unicen tiene sede”.

 

 

Un poco de historia

 

“La universidad es una institución permeada de normas sociales y culturales”, aseguró Carlos Rodríguez, con un largo recorrido trabajando por la diversidad sexual en nuestra ciudad. La iniciativa que hoy surge desde agrupación que lidera y depende de la Secretaría de Extensión de la Facso tiene algunos antecedentes, como la visita a Olavarría y el contacto permanente con la ONG Ami (Asociación Mundo Igualitario), que se dedica a trabajar en proyectos de diversidad e identidades no hegemónicas.

 

La agrupación local también fue parte de una investigación coordinado por Onusida y Ministerio de salud de la Nación con el fin de obtener datos para pensar políticas públicas para la comunidad LGTBQ+. A eso se sumó en el 2018 la presentación de un proyecto para avanzar hacia la ordenanza de cupo laboral trans y el trabajo permanente con el sistema educativo y de salud.

 

Hoy la mirada está puesta en el trabajo desde y con la Universidad. “Buscamos trabajar de manera colectiva, comunitaria, igualitaria y horizontal para luego invitar y hacer extensivo a otros agentes de la Unicen, que creemos necesario sumar al proyecto”, remarcaron quienes ya están propiciando el trabajo colaborativo.

 

Ya hay otras universidades nacionales que cuentan con la adhesión al cupo laboral trans/travesti: Mar del Plata, Rosario, La Plata, La Pampa, Luján, Comahue y Tierra del Fuego. La idea es que, una vez que el Consejo Superior apruebe la normativa, cada facultad vea cómo comienza su proceso de trabajo en estas cuestiones.

 

“La comunidad travesti trans en Argentina sigue teniendo un promedio de vida de 35 años y sigue sufriendo exclusiones de distintas instituciones, la primera en general es la familia. Otras exclusiones son las escuelas, que no están preparadas ni invitan a esas identidades”, reflexionó Gisela Giambernardino.

 

En este sentido, rescató el espacio de la universidad como “un territorio generizado, organizado por dinámicas sexo genéricas en el cual también se pone en juego lo que llamamos los umbrales de tolerancia del patriarcado y ahí observamos que el género es un organizador social y distribuidor de poder y de riesgos. Por lo tanto, existen violencias y discriminación hacia las mujeres y disidencias”.

 

La idea es, justamente, empezar a romper con esos esquemas. Y la Unicen está empezando a caminar hacia ese lugar.