Exigir

La Rana con su sabiduría me enseña a dejar de exigirme. En vez de resentir mi cuerpo, mi mente, presionar para lograr algo, trato de tener compasión y respeto por mí misma. Cada movimiento, cada salto, cada extensión me invita a expandirme desde mis posibilidades.


En mi extensión me acerco a los demás. No debo. No carezco. No tengo que alcanzar. Nada.  Solo encontrarme desde lo que puedo ofrecer realmente en este momento. Sin culparme y juzgarme por lo que no puedo.

 

Dejar de exigirme me permite dejar de exigir a los demás. Cuando ordenamos, desde una posición de autoridad sobre las personas que nos rodean estamos marcando una desigualdad y una relación de superioridad.

 

Nos jerarquizamos y separamos. Nos distanciamos y lastimamos porque nunca se colman nuestras expectativas. Consumimos nuestras relaciones. Nada nos alcanza. Agotamos nuestro cuerpo y nuestra mente porque nunca es suficiente.

 

Pero siempre podemos crecer. En cada paso está la posibilidad. La Rana me enseña a disfrutar de mis logros, disfrutar del vínculo amoroso conmigo. Mejorar mi postura, mi respiración. Crecer en compasión.

 

Sin juzgar, sin expectativas de que alguien cumpla mis deseos o seda a mis caprichos.  Así puedo ver como cada persona que rodea mi vida crece. Me dejo asombrar y celebro al ver que sus pasos le son propios. Que sus ideas nacen de su centro. Que su mirada está colmada de afecto, disfrute ennsu despliegue.

 

Cuando dejo de exigirme y exigir es el compromiso quien me sostiene. El compromiso conmigo y con cada persona que me rodea. Me comprometo a seguir creciendo y crear mi mundo. Me comprometo a no cuartar el mundo de los demás.

 

Cada quien en su camino. Sin frenarnos. Sin establecer deudas, sin castigos, sin culpa.

 

Libres cada quien en su andar, en su crecimiento. Acompañarnos. Abrazarnos.

 

Sin juzgar. Sin marcar carencias. Sin exigir.