Un plan

Por Marcos Pascua / @Ma7c0s


Bienvenidos y bienvenidas nuevamente a este humilde espacio donde hablamos de seguridad vial, en este caso vamos por la séptima columna, en las primeras dos hablamos de la situación de la accidentología vial en nuestro país, para luego ahondar en las causas y desde allí comenzar a desandar un camino de propuestas basadas en cuatro ejes, legislación, controles, infraestructura y tecnología. Durante las últimas cuatro columnas hablamos de algunas medidas, en la nota de hoy vamos a ordenarlas para luego comenzar a hablar de números.

 

¿Vamos?

 

Para comenzar necesitamos de aquella herramienta que mejora la calidad de vida de las personas, la política. Es necesario dirigentes comprometidos con su entorno y que estén a la altura de este desafío que cada año se lleva miles de vidas dispuestos a establecer un programa a corto y mediano plazo, en el cual cada una de las medidas de las que hablamos tengan su lugar.

 

Si decidimos organizar las ideas y ver por dónde empezar, una de las primeras en la que deberíamos pensar es en disminuir las velocidades de circulación como ya hemos hablado en la columna Legislar para la gente. ¿Cuándo? No debería pasar del próximo año.

 

En sintonía con esta medida, los radares. Como lo vimos en ControlAR, Argentina cuenta con escasa cantidad de radares de fiscalización de velocidad y en un país donde el principal problema es el exceso de velocidad, es necesaria su presencia y efectiva aplicación. Se debería desarrollar un plan anual de inversión para contar con una cantidad suficiente de radares distribuidos en rutas y ciudades para 2025.

 

Pero mientras esto sucede, también necesitamos de la política comprometida regulando las velocidades de los vehículos desde fábrica, estableciendo un plazo para que todos los vehículos que se comercien cuenten con una regulación automática de la velocidad, de la mano con un programa para instalar estos dispositivos de control en el parque automotor existente. Además, todos los vehículos deberán contar con el dispositivo denominado Car Analytics, del cual hablamos en La tecnología como aliada, los nuevos y los usados. Para 2023 todos los vehículos que se comercien deberían contar con estos dos dispositivos, mientras que para el parque automotor existente el límite podría ser 2025.

 

Por otro lado, pensando en el largo plazo, es necesario planificar la movilidad de las ciudades, las cuales han sido diseñadas sólo para circular en automóviles, modelo que nos ha llevado a que se prioricen los tiempos de circulación por sobre la seguridad de las personas. Para 2050 el 70% de la población mundial va a vivir en ciudades, por eso es necesario repensar los modelos actuales y priorizar en las zonas de mayor circulación a métodos de desplazamiento más seguros, sustentables y sostenibles, como la bicicleta, el transporte a pie o el transporte público, para eso es primordial comenzar a invertir en infraestructura para generar “zonas calmas” en ciudades, que son áreas peatonales, de recreación y esparcimiento para que las personas recuperen el espacio en la vía pública que le quitaron los vehículos y mejore su calidad de vida. La planificación de esas ciudades debe empezar hoy.

 

Uno de los temas de los cuales no hemos hablado y es de los más importantes, es la Educación Vial, el Estado hoy no forma conductores responsables, sino que funciona como una escribanía para obtener el carnet. Si bien de la formación de conductores y conductoras hablaremos en una columna en particular en unos días, es necesario comenzar a trabajar en un programa que forme personas capacitadas para conducir, para que las próximas generaciones que accedan a la licencia de conducir entiendan la responsabilidad que eso implica. Muchas de las medidas mencionadas hasta aquí, sin duda ayudarán a disminuir la accidentología vial, pero eso no implica que se conduzca mejor, por eso necesitamos de la Educación Vial, no sólo para quienes conduzcan un auto, también para quienes circulen en motocicleta, camiones, colectivos, ciclistas y para peatones, tanto para personal estatal como fuerzas de seguridad, como para privados, por ejemplo, personal de empresas de transporte. Los cambios de este tipo de medidas probablemente se concreten en un plazo no menor a diez años.

 

Las medidas hasta aquí mencionadas claro que no son todas las que se pueden tomar, pero sí las más importantes o más urgentes, hasta aquí no hemos hablado de temas como alcoholemia o el uso del celular en la conducción, de ellos hablaremos en próximas columnas.

 

Con esta especie de resumen de ideas o greatest hits de la seguridad vial para ordenar un poco las propuestas y establecer un plan de trabajo es que llegamos hasta aquí.

 

Tal vez en algún momento mientras leías la nota, te habrás preguntado cuanto le costaría al Estado tomar las medidas mencionadas, pero, te pusiste a pensar cuánto invierte anualmente haciéndose cargo de las consecuencias de la inseguridad vial.

 

De eso vamos a hablar en 15 días.

 

Te espero.