Sin principio ni final

 

Por Lucrecia Manso / @laranadespierta


De repente se hizo de noche. De nuevo el verano. Cómo pasó el tiempo. Ya es fin de año. No lo puedo creer. Hay que llegar con esto. Hay que terminar aquello. Que nada quede pendiente. Hay que apurarse. Un esfuerzo mas que ya se termina. ¿Qué se termina?.

 

Corro todo el tiempo, sin descanso, sin parar.

 

No se hizo de noche de repente. Está en la luz  del día contenido su anochecer. ¿Cuál es el preciso momento en que aparece la noche? Es un instante. Un preciso instante casi invisible. Maravilloso. Nada sucede de repente. Solo se requiere permanecer en la quietud para poder ver nuestro entorno cambiar, moverse, crecer.

 

En postura consciente, alineada, logro la calma de mi mente y mi respiración para poder ver el proceso. Todo a mí alrededor cambia pero solo lo puedo notar si observo. Si no paro no puedo disfrutar del proceso.

 

Sólo miro los resultados. Solo busco los resultados.  Solo espero tus resultados.

 

Así, no registro mi cuerpo ni mi sentir, ni nada a mí alrededor. La línea de llegada está ahí. Y tengo que llegar si o si.  ¿Quién inventó esa línea de llegada? ¿Quién la dibujó? Resulta que una vez que llego se borra. Enseguida otra más adelante vuelve a delinearse y casi sin aliento sigo corriendo para alcanzarla. Sin respiro.

 

La vida es respirar. Una vez que exhalo y suelto tengo espacio para inhalar. La vida está envuelta en ciclos. Si veo solo como un espasmo algo de repente, no es que ha sucedido de repente, es que no percibí que estaba sucediendo.

 

La pausa, los pies en la tierra, los sentidos, la respiración, alinear, conectar con mi cuerpo me permite vivir la vida en ese constante cambio que va sucediendo.

 

Nada ha terminado. Nada ha concluido. Ha mutado. Por ello la calma con que recibo este cierre. No me asusta porque nada terminó. No me apuro porque nada llega a su fin. Hay tiempo, todo el tiempo, más allá del tiempo del reloj.

 

El tiempo de mis sueños, de mis anhelos no los marca las agujas, ni los estruendos y las sirenas del fin de año. Es solo un momento.

 

Nacer. Crecer. Perecer. Volver a nacer. En cada ciclo transformar(me). Un movimiento constante, la repetición, el latido que sostiene cada paso de esta danza sin principio ni final. Es momento de honrar, celebrar y ser consciente de que nada termina ni empieza. Crecer.

 

Chin chin y una vuelta más, otra oportunidad.

 

Salir a las corridas o sentarme a disfrutar al ver mi mundo mutar.