Para tomar en serio

Por Marcos Pascua / @Ma7c0s (*) 


¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que hayas arrancado bien este nuevo año, no como algunas ciudades que lo empezaron desechando vacunas. Si recién te sumás, este es un espacio en el que hablamos de seguridad vial, no de vacunas, pero bueno, tratando de hacer aportes que sumen al debate público, porque la seguridad vial nos incumbe al conjunto de la sociedad.

 

Empezamos por septiembre del año pasado hablando de la situación actual de la siniestralidad vial en nuestro país, los números, las causas y cómo se podría hacer para revertir la situación. Si estuviste atento o atenta a esas primeras columnas, cuando hablamos de las causas, no hicimos mención a una situación que es cada vez más frecuente, la presencia de alcohol al volante y de eso vamos a hablar hoy.

 

El alcohol es una droga depresora del Sistema Nervioso Central que inhibe progresivamente las funciones cerebrales. Afecta a la capacidad de autocontrol, produciendo inicialmente euforia y desinhibición, por lo que puede confundirse con un estimulante.

 

  

 

¿Qué sucede cuando se combina alcohol y conducción?

 

  • Se incrementa el riesgo de sufrir un siniestro vial y la probabilidad de que éste tenga un desenlace mortal o cause traumatismos graves.
  • Se produce importantes efectos sobre la visión: la acomodación y la capacidad para seguir objetos con la vista se deterioran, incluso con niveles bajos de alcohol en sangre.
  • Se provoca falso estado de euforia, seguridad y confianza en sí mismo: aparece un desprecio por el peligro y una tendencia a transgredir las normas.
  • En lo referido a la visión, lo más destacable es la disminución del campo visual y que por efecto del alcohol puede llegar a la visión túnel, dificultando enormemente una correcta visibilidad.
  • Se prolonga el tiempo de reacción, normalmente de 0,75 segundos (sacar el pie del acelerador y ponerlo en el freno), pudiendo ser de 2 segundos o más, aumentando la distancia de frenado unos 20 a 30 metros en un auto que circula a 100 km/h, segundos de más que pueden separar la vida de la muerte.

 

Esta información es conocida por gran parte de la población, sin embargo, no se ve reflejado en la percepción del riesgo.

 

Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) el 93% de los conductores de vehículos declaró saber que beber y conducir aumenta el riesgo de protagonizar un siniestro vial, el 20% asumió haber conducido un vehículo bajo los efectos del alcohol. Este valor asciende a 3 de cada 10 en jóvenes entre 16 y 35 años. En Argentina, el 43% del total de las víctimas fatales como consecuencia de siniestros viales en 2018 corresponde a personas de entre 15 y 34 años, y con respecto a los heridos, este rango etario representa el 42% del total. Según el Observatorio Vial de la ANSV, y de acuerdo a un informe sobre controles de alcoholemia, el 9,4% de 48.780 conductores controlados superaba los límites de alcohol en sangre permitidos por la ley. El estudio se realizó entre 2016 y 2018 en 38 municipios de 16 provincias de todo el país y los jóvenes de entre 25 y 34 años fueron quienes representaron el mayor porcentaje de las alcoholemias positivas (12,7%).

 

Queda en evidencia nuestro claro desapego a las normas como sociedad, sabemos que combinar el alcohol y la conducción es peligroso y que aumenta la probabilidad de siniestros viales, sin embargo, esto no evita que las personas conduzcan en estado de ebriedad.

 

 

¿Cómo podemos empezar a revertir esta situación?

 

Como siempre, con educación, la educación vial es primordial en este sentido, concientizar a los y las aspirantes a obtener una licencia de conducir sobre los efectos del alcohol en el sistema nervioso y sobre cuánto tiempo permanece el alcohol en sangre.

 

Con controles, que hoy son escasos, ya sea por falta de recursos o por connivencia con aquellos comercios que realizan expendio de bebidas alcohólicas. En este sentido el Estado es cómplice, porque a sabiendas de lo que sucede en la nocturnidad, a veces, hace la “vista gorda”.

 

En este sentido es necesaria la cooperación entre organismos de control municipales, provinciales y nacionales con locales de la nocturnidad, como bares, restoranes, boliches, en un plan de conductor/a designado/a, donde se realice un seguimiento desde el ingreso a una zona de estacionamiento demarcada hasta la salida del mismo. Identificar al conductor o conductora es lo primero que se debe realizar, entregarle un objeto identificatorio como puede ser una pulsera e informarle de los peligros que representa conducir bajo los efectos del alcohol. Una vez dentro del bar, se le ofrecerá bebida sin alcohol gratis y a la salida de la zona de estacionamiento se le realizará un test de alcoholemia, en caso de que el resultado sea negativo se le retirará la pulsera, caso contrario se le labrará la infracción correspondiente y será retenido el vehículo.

 

Otro dispositivo utilizado es el alcoholímetro de arranque, un etilómetro como el utilizado en los controles de alcoholemia que se conecta al arranque. Al momento de darle contacto al vehículo, se activará el alcoholímetro recordando que es necesario soplar la boquilla antes de arrancar, en caso de que el resultado sea negativo el auto puede arrancar, caso contrario se bloquea el arranque por un tiempo determinado, hasta que el resultado de la prueba sea negativo. El valor del dispositivo será cubierto a modo de penalización por el infractor, mientras que el vehículo será retenido hasta que se encuentre instalado el dispositivo.

 

 

Con legislación, la pena para un asesino al volante bajo los efectos del alcohol es de 3 a 6 años y resulta excarcelable según el artículo 169, inciso 1° del Código Procesal Penal. El 1° de enero de 2021 en la ciudad balnearia de Necochea, una automovilista embistió a un motociclista provocándole la muerte, a la hora de realizarle el test de alcoholemia se le encontró que tenía una concentración de 1,23 g/l, más del doble de lo permitido. Luego de permanecer detenido por homicidio agravado, fue excarcelado a pedido de su abogado. Como este caso, hay muchos, por eso necesitamos que quienes dictan las leyes, se enfoquen en penas más duras para quienes conducen de forma irresponsable.

 

Tolerancia cero

 

En Argentina, algunas provincias cuentan con leyes de “Tolerancia cero” en sus territorios y si bien cuentan con el apoyo de las autoridades de la ANSV, el ente nacional no avanza con los proyectos de alcohol cero que han sido víctimas del lobby empresarial y permanecen “dormidos” en cajones de los despachos legislativos. Este tipo de leyes no son la solución definitiva, de hecho, países que cuentan con tolerancia cero tienen tasas de mortalidad más altas que Argentina, como también hay países que cuentan con una tasa de alcoholemia mayor que la que se permite en nuestro país y su tasa de mortalidad es menor.

 

Si bien es un tema que genera mucha polémica, a favor de la tolerancia cero usaré un argumento que no es mío, pero es muy certero, la tasa de alcohol cero no deja lugar a las especulaciones, media copa o tres pintas representa una infracción, con la tasa de 0,5 para automovilistas y 0,2 para motociclistas que permite nuestra ley, deja mucho lugar a la subjetividad de cada persona, que en general se autopercibe mejor de lo que realmente se encuentra luego de beber. Además, en nuestro país ya tenemos muchos problemas aun conduciendo sobrios.

 

Definitivamente hay mucho por hacer en este sentido, por lo pronto si estás leyendo, cumplí con tu rol de ciudadano o ciudadana, si vas a tomar, no conduzcas.

 

Nos volvemos a leer en quince días.

 

El Anuario de Siniestralidad Vial del año 2020 de Olavarría ya se encuentra listo, en unos días va a salir, si querés recibirlo en tu correo en forma gratuita, tenés que suscribirte acá: https://forms.gle/YGdQng55pFzwmpEV9

 

(*) Ingeniero civil, tesista en Seguridad Vial.