Conducir no es esquivar tres conos

¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por estar leyendo esta columna donde hablamos de seguridad vial.

(*) Por Marcos Pascua


Si venís siguiendo esta serie de columnas desde su comienzo, habrás visto cómo se aborda la temática desde diferentes puntos de vista, uno de ellos es la formación o la no formación de aspirantes a una licencia de conducir y de eso vamos a hablar hoy.

Si bien para muchas personas conducir es una actividad cotidiana, rutinaria, simple y sencilla que cualquiera puede hacer, la realidad es que no, requiere de una formación previa y de saberes específicos que distan mucho de lo que el Estado brinda como información en el proceso previo a obtener una licencia de conducir. Para ser un poco más claro y pido disculpas por ser autorreferencial, pero es como si para recibirme de ingeniero, hubiera bastado con saber resolver ejercicios de física y matemática.

¿Conducir debiera ser una carrera universitaria? Probablemente no, pero memorizar las señales de tránsito y las respuestas de los exámenes que se toman como concepto “teórico” está lejos de ser un proceso formativo, mucho menos lo es una “prueba de manejo” en un circuito de calles estrechas, con maniobras en zigzag a una velocidad de 10 km/h.

Es como que te inscribas a una media maratón sólo porque pudiste correr un kilómetro sin parar. Sí, me gustan los ejemplos.

Las consecuencias están a la vista, miles de víctimas fatales por año, más de cien mil personas heridas anualmente y muchísimas situaciones peligrosas que no terminan en siniestros por segundos. Mientras, las direcciones que otorgan carnet de conducir funcionan con una celeridad expidiendo licencias como un registro civil otorga DNI, cuando conducir no es un derecho, la identidad sí.

La formación es inversión a largo plazo

Hay muchos factores que hacen que circular por vía aérea sea más seguro que hacerlo por tierra, uno de ellos es que quienes comandan un avión deben contar con una determinada cantidad de horas de vuelo certificadas, en cambio para conducir basta con contestar bien una serie de preguntas, esquivar unos conos y saber estacionar.

Para conducir es necesario saber conceptos de mecánica, matemática, física, química e incluso saber cómo reacciona nuestro cuerpo y nuestro cerebro ante diferentes situaciones, no basta con enseñar las señales de tránsito. Además, las licencias son de carácter nacional como si manejar en la pampa húmeda fuera igual a hacerlo en el ripio o el hielo de la Patagonia, las curvas y contracurvas del norte contorneando precipicios o en los caminos arenosos de la costa.

Un proceso de formación debe incluir todos estos conceptos teóricos con pruebas prácticas que expongan de forma segura a quien aspira a obtener una licencia de conducir a las diferentes situaciones con las que se puede encontrar en la vía pública, que son mucho más complejas que esquivar tres conos. Luego de certificar estos conocimientos básicos, podrá obtener una licencia provisoria que le permita circular durante un tiempo determinado como principiante en el espacio público, acompañado de un instructor o instructora que lo acompañe en el proceso final para obtener la licencia definitiva, siendo esta la única vía válida para obtener una licencia de conducir.

Claro que esto requiere tiempo, planificación e inversión, pero esos recursos que se invierten hoy en formar personas para que puedan conducir de forma consciente y segura, son recursos que el Estado no perderá en atender las consecuencias de la siniestralidad vial, que son muchos, lo podés ver en esta otra columna.

Si el Estado logra que en el espacio público circulen conductores y conductoras responsables y conscientes, la probabilidad de que ocurran siniestros se verá reducida enormemente, pero para eso se necesita decisión política porque conducir no es un derecho, es una responsabilidad.

Vos, ¿qué pensas?

Gracias por llegar hasta acá.

Nos leemos en quince días.

(*) Ingeniero Civil y tesista en Seguridad Vial.