“Trabajar desde casa se convirtió en sinónimo de estar siempre disponible”

El Licenciado en Comunicación Exequiel Alonso analizó la pronta implementación de la Ley de Teletrabajo y los desafíos que se presentó en medio de la pandemia: “Podríamos decir que con la Ley no es suficiente, pero sin ella no se puede” dijo.


Alexis Grierson / @alexisdechillar

(del staff de Central de Noticias)

 

La pandemia trajo, además de un mundo nuevo, nuevas problemáticas vinculadas a lo laboral: desde el riesgo de perder el empleo por la crisis económica, a las rupturas con el mundo del trabajo “tradicional” y con ello la llegada del teletrabajo.

 

En diálogo con Central de Noticias, el Licenciado en Comunicación Social Exequiel Alonso explicó algunos de los puntos y la necesidad de una Ley de Teletrabajo, que comenzará a implementarse en los próximos meses: el “trabajo en casa” obligó “a muchas profesiones a teletrabajar como modo de sostener los vínculos laborales: docentes, psicólogos, administrativos, abogados, médicos clínicos, periodistas, cuentapropistas, entre otros”.

 

De acuerdo a un relevamiento de la Fundación Observatorio Pyme sobre 1.700 empresas argentinas el 57% estaba camino a implementar el teletrabajo luego de los primeros meses de aislamiento.

 

Si bien Alonso señaló varias ventajas tales como “la posibilidad de conservar puestos de trabajo, evitar la exposición al virus, sostener e incluso incrementar la productividad, alcanzar mayor concentración en horarios flexibles y todo desde la comodidad del hogar” todo ello llevó, incluso, a que el teletrabajo fuera reclamado como “un derecho de los trabajadores, para evitar así el riesgo de contagio”.

 

 

Sin embargo, con el correr de los meses empezaron a aparecer las principales desventajas y los problemas: “sobrecarga de tareas y horas extras no remuneradas, conexión permanente y mensajes que llegan 24/7, desigualdad de género en tareas de cuidado, problemas para conciliar la vida familiar y laboral, poner a disposición los recursos tecnológicos y la conexión a internet, el control estricto a través de programas informáticos, entre otros” señaló el Comunicador.

 

Allí aparece la Ley, que no “nace de un repollo” sino que se discutió en el marco de un debate mundial por el Teletrabajo, como pasó en Alemania y España. Según explicó Alonso, “en términos concretos, la regulación estatal ‘ataca’ los puntos sensibles de los derechos laborales que podrían ser vulnerados, protegiendo a los trabajadores y exigiendo ‘reglas claras’ que eviten la flexibilización y precarización”.

 

“Garantiza salario equitativo tanto para tareas virtuales como presenciales, la voluntad explícita del trabajador para desempeñarse a distancia, la compensación por gastos que deba pagar el contratado, la regulación de las horas trabajadas, la provisión de recursos por parte del empleador, el reconocimiento de tareas de cuidado y el derecho a la desconexión digital”.

 

El último punto es, para el Licenciado, uno de los más significativos: “en la pandemia se sintió la sensación de los trabajadores y trabajadoras de estar permanentemente conectados con sus obligaciones laborales. Pese a los postulados de ‘autonomía’ y ‘flexibilidad’ en la administración de los horarios, lo cierto es que muchas personas sintieron agobio, estrés y angustia generada por una conexión permanente al trabajo”.

 

 

Tal como se anticipó líneas arriba, las mujeres sufrieron doblemente ese agravio: “tienen a su cargo la responsabilidad en tareas de cuidado de menores y/o mayores, quehaceres del hogar, hijos e hijas en edad escolar. La pandemia profundizó las desigualdades de género y evidenció, aún más, la feminización de la precariedad que ya era alarmante previo al coronavirus”.

 

Incluso puso ejemplos vinculados con “el trabajo y el cumplimiento de sus horarios”: “Mensajes del estilo ‘Necesito urgente tal cosa…’; ‘Te escribo por acá para resolverlo más rápido’; ‘¿Podrá ser para ahora?’; entre otras fórmulas se volvieron frecuentes. Comenzamos a transitar en una vorágine de trabajo permanente, facilitada por la conexión a internet y los teléfonos celulares”.

 

 

“El Whatsapp marca el ritmo de la cotidianeidad, en cualquier momento del día puede llegar una orden, un pedido, una auditoría. Trabajar desde casa se convirtió en sinónimo de estar siempre disponibles a ser requeridos o controlados”.

 

En este sentido, el derecho a la desconexión aparece como un punto bastante sensible, pero la legislación es un paso hacia adelante. Podríamos decir que con la Ley no es suficiente, pero sin ella no se puede. Si bien el Estado brinda hoy un marco regulatorio para que no se vulneren derechos laborales, también será responsabilidad de cada trabajador conocer la legislación y establecer prácticas que no terminen por difuminar los acuerdos alcanzados”.

 

“La Ley Nº 27.555 tiene la particularidad de llegar a la puerta de cada hogar y regular ni más, ni menos que un ámbito íntimo y familiar. Como también regular vínculos que se expresan y materializan por servicios de mensajería como Whatsapp o diferentes plataformas digitales. De alguna manera, el teletrabajo vuelve difusos los límites de lo que corresponde al ámbito público y privado, personal y laboral agregó el Licenciado, en una responsabilidad inédita del Estado de regular en espacios con líneas muy delgadas.

 

 

La Ley, ¿será viable de aplicación? “Dependerá de las características de cada profesión, las voluntades de cumplir tanto de empleadores como empleados y de mecanismos de control. Allí los sindicatos tendrán un rol clave para incorporar los principales puntos de la ley a sus convenios colectivos y asesorar sobre una modalidad que no deja de ser una novedad para gran parte de los trabajadores” cerró el Licenciado Alonso.