Opinión – ¡Yo soy la revolución!

Por Gonzalo Dolagaray(*) y Gustavo Gómez(**)


Las imágenes transmitidas ayer por los medios, desde la provincia de Formosa, mostraban un “formosazo”. La policía provincial desplegando sus fuerzas reprimió brutalmente a los ciudadanos que salieron a manifestarse, desesperados, ante el nuevo decreto del gobernador que proponía retroceder a fase 1 a toda la provincia por 17 casos positivos  de covid-19.

 

Vale la pena poner en contexto esta situación, que no es inédita ni exclusiva lamentablemente.  Formosa no tiene la infraestructura ni los recursos para afrontar la pandemia, ya que cuenta con un endeble sistema de salud como consecuencia de décadas de desidia, abandono y mala gestión.  Como solución a esta problemática establecieron esa salvaje medida de aislamiento, a punto de llegar a aislar personas, en contra de su voluntad, como si fueran campos de detención.

 

Gildo Insfrán gobierna la provincia desde 1995, una de las provincias más pobres del país, con los datos más altos del país en analfabetismo, desnutrición infantil, falta de agua potable y cloacas,  con un acceso limitado a la salud , educación y trabajo.  El 70% de los formoseños dependen del estado, son empleados, lo que garantiza la indefinida elección de Insfrán. El poder judicial provincial inexistente, tomado por el poder ejecutivo, condiciona cualquier acción en favor de los derechos humanos. Solo falta que el gobierno formoseño emita calcomanías como las del gobierno militar allá a fines de los ’70 que digan: “los formoseños somos derechos y humanos”.

 

 

Pero para el presidente Alberto Fernández, el kirchnerismo y gran parte del peronismo: Gildo Insfrán es un político modelo a seguir. La oficial Secretaría de Derechos Humanos emitió ayer un comunicado, que es una vergüenza para la militancia de los derechos humanos de nuestro país.  Ante los reclamos la respuesta del oficialismo es simple: la culpa es del otro, de la campaña de desprestigio contra el gobernador, de los medios hegemónicos, de la violencia desmedida de los manifestantes y por supuesto de la oposición.

 

El pueblo formoseño fue reprimido salvajemente al pedir ser escuchado. Ayer ocho mujeres fueron detenidas e incomunicadas,   a días del día Internacional de la Mujer. Una de ellas gritó “¡Aquí comienza la revolución! “. Y fue acompañada por cientos de formoseños y formoseñas que proclamaron a viva voz  “¡Yo soy la revolución! “. Ellos son la revolución, la revolución contra el feudalismo provincial tan vigente en nuestro país, que no estimula la producción y  carece de cualquier iniciativa de progresar sin depender del Estado. Los feudos quieren un pueblo manso, ignorantes de sus derechos, sumisos a los míseros sueldos estatales para sobrevivir.  Ojalá se reproduzca ese grito, como se dio en la Revolución del Parque allá en 1890, que significó el fin de un régimen. Ojalá esto sea el comienzo de la caída de los feudalismos provinciales y de las mentiras de un gobierno nacional apoyado en los tiranos provinciales, quizás porque al verlos a ellos, se ven a sí mismos, pero con mayor hipocresía.

 

El Comité local de la Unión Cívica Radical de Olavarría quiere dar un ferviente apoyo al pueblo de Formosa en su lucha por la libertad y repudiar todo acto de violencia, más aún cuando esta violencia es ejercida desde el estado hacia el pueblo.

 

(*) Vicepresidente de la Unión Cívica Radical de Olavarría y candidato a Presidente por la lista 114 “Protagonismo Radical”

 

(**) Vocal Titular de la Unión Cívica Radical de Olavarría y candidato a Secretario General por la Lista 114 “Protagonismo Radical”