¿Qué feminismo queremos?

Por Mujeres Evita

“Somos quien nunca se rinde

Quien alza una rebelión

Una gran ola que embiste

Este sistema feroz

Desaprendiendo el camino

Construyendo el caminar

La libertad se conquista

Con las ganas de luchar”

Tongo, 2017.

 

Nacer mujer y/o autopercibirse como tal, o incluso, no reconocerse dentro de los géneros binarios, ha sido siempre un desafío a lo largo de la historia que exige ir abriendo caminos. “Vemos cómo el vocabulario de la sociedad civil y la institucionalidad estatal es un espacio donde las mujeres habitamos de una manera no plena. La experiencia en el espacio público de las mujeres es una experiencia de constreñimiento; sabemos desde niñas los cálculos que hacemos al colocar nuestros cuerpos en las calles”. (Segato, Rita, 2017) 1 . Esto hace mella en nuestro andar, en nuestros vínculos, en nuestros deseos.

 

Existen feminismos en plural y desde Mujeres Evita elegimos construir Feminismo Popular y Disidente, es decir, aquel posicionamiento que entiende que las problemáticas de vulnerabilidad, inferioridad, injusticia y violación de derechos no son solo de las mujeres sino también de todas las subjetividades que han sido a la largo de la historia categorizadas como minorías por no encajar dentro de los parámetros hegemónicos . Un Feminismo que tenga en claro que terminar con la desigualdad y las violencias no es un problema de un sector sino del conjunto del pueblo, que implica reconocer y visibilizar en condiciones de equidad la heterogeneidad de subjetividades que forman nuestra sociedad.

 

 

Asumimos también una mirada desde la interseccionalidad, que implica poder reconocer que la violación de derechos y la explotación es aún mayor cuando se conjugan cuestiones de clase y de etnia; o lo que es lo mismo decir, cuando hay múltiples opresiones, apoyándose y entrecruzándose unas con otras. Sabemos que las oportunidades no son las mismas y que por ende la lucha debe ir un poco más allá.

 

Las mujeres y disidencias no sólo perseguimos la representatividad, también exigimos visibilidad. Como militantes activas estamos siendo parte de la discusión del proyecto de país: queremos ser parte de la transformación de la política y del Estado. En este camino pusimos sobre la escena nuevas formas de participación política que son críticas de las estructuras tradicionales centradas en la jerarquía y la meritocracia.

 

Creemos urgente generar espacios de encuentro en torno a los menesteres que atravesamos. La lucha debe ser colectiva. Necesitamos dar debates, escucharnos e incluso generar consensos en pos de visibilizar nuestras demandas; consensos que no implican renunciar a nuestros principios y valores ideológicos y rectores de nuestra praxis; pero que son fundamentales para fortalecer nuestra lucha, creemos en la fuerza instituyente de lo colectivo, y no en las mezquindades que el patriarcado ha querido que interioricemos. Este movimiento de mujeres demostró que ante un sistema que quiere homogeneizarnos cada vez más, la diversidad y lo colectivo son una respuesta política.

 

 

Como miembros de un movimiento social y político, enmarcado dentro del Frente de Todes también es claro que nos paramos desde una identidad y un posicionamiento que encuentra representatividad en el gobierno de Alberto y de Cristina. La agenda de las mujeres y disidencias, a través de nuestra lucha y unión en la calles, forma parte de la unidad política y celebramos que nuestras demandas hayan sido tomadas por este espacio para reconstruir la Argentina. Esto también se traduce en que tenemos muches compañeres visibles y comprometides gestionando en este proyecto de gobierno, pero así como celebramos también está en el ADN de nuestra organización demandar lo que nos falta, discutir aquello que creemos que se puede mejorar y trabajar en propuestas que permitan avanzar en esta reconstrucción; es por esto que seguimos en la calle haciendo hincapié en la necesidad de una reforma judicial feminista que permita que las violencias se aborden de manera integral y exigimos un esfuerzo aún mayor del Estado respecto a los recursos económicos necesarios para ver materializadas cada una de las políticas públicas pensadas con perspectiva de género.

 

El feminismo popular que elegimos militar, tiene un correlato con los movimientos sociales en los que participamos activamente, desde las barriadas que caminamos y las realidades que nos interpelan. La cabeza piensa donde los pies pisan. Viene acuerpado en un diálogo no jerárquico, desde una construcción colectiva que cimentamos en el hacer, desde el codo a codo. Nuestra práctica implica repensar hacia adentro de las organizaciones los espacios que son destinados a mujeres y disidencias, asumiendo(nos) capaces de ocupar cargos en la toma de decisiones y en la conducción política, lo que nos interpela constantemente a tener en consideración en los tiempos de nuestra organización los tiempos concretos de las mujeres que la habitamos y a cuestionar las actitudes patriarcales de nuestrxs pares.

 

Por eso es que consideramos imprescindible centrar nuestra práctica en el territorio, en principio desde la concepción de nuestros cuerpos, que pretenden ser moldeados, construidos y definidos por otres. Los mismos han obedecido y acatado, pero también resistido, transgredido y establecido nuevos modos, “Cada cuerpo se produce y reproduce en el complejo de múltiples marcas. Marcas biológicas pero también políticas, deseantes, históricas y sociales” (Fernández A, 2007).

 

Advertir el modo en que se expropia a las mujeres de los saberes en relación a su cuerpo, su ciclicidad, e incluso la reproducción, es también una de nuestras banderas.

 

Por otro lado, consideramos que para sacar(nos) a las minorías de una posición de abyección dentro de este sistema de exclusiones en el que vivimos; es urgente cuestionar lo socialmente construido y fundar nuevas bases para lo que todavía no se construyó; a través de formas feministas de organización social y económica.

 

Esto exige discutir la manera en que las sociedades resuelven la reproducción cotidiana de las personas y el rol que esto juega en el funcionamiento económico y en los determinantes de la desigualdad, es decir que, no es casualidad que las mujeres se ocupen de la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados en nuestra sociedad. Este conjunto de actividades imprescindibles se encuentran profundamente invisibilizadas y tienen consecuencia directa sobre el acceso al trabajo formal de las mujeres, especialmente en términos de conciliación de los tiempos laborales, personales y familiares. Dicho esto, entendemos que el cooperativismo es hoy en día la piedra fundamental para construir modelos que promuevan una verdadera igualdad con acceso al trabajo formal y sus beneficios.

 

Hablamos de un compromiso moral para evitar que sistemáticamente ocurra una diferencia jerárquica entre varones y mujeres. Entonces bien, maternar, ejercer una profesión a conciencia, generar y apoyar políticas públicas a favor de la temática, refiere a volver consciente el hecho de ser mujer dentro de la coyuntura político-social que nos atraviesa, construyendo activamente en nuestra microesfera social la resistencia feminista; una resistencia que creemos debe abrazar a todes aquelles que sientan el compromiso moral de poner todo de sí para evitar la injusticia, la violencia y la desigualdad en la que históricamente el sistema nos ha ubicado.

 

No habrá transformación de la sociedad sin feminismo, no habrá Justicia Social sin liberación de las mujeres y disidencias.