El tránsito en Olavarría, sin rumbo

Por Marcos Pascua (*) 


En las últimas semanas se han dado siniestros viales de una espectacularidad a la que no estamos acostumbrados, pero que lamentablemente comienzan a ser más comunes en la ciudad. Choques en cadenas, vuelcos y en solitario, de todos los tipos y colores en la ciudad de las rotondas (y los reductores).

A la naturalización de los siniestros viales, en los primeros meses de 2021 se le suma, cada vez con más frecuencia, la violencia con la que se presentan muchos de los impactos. Comienza a ser más común ver autos volcados en el lugar del impacto, choques en cadena, siniestros en intersecciones semaforizadas o choques en solitario.

 

Los usuarios de vehículos (autos, motos, camionetas, camiones) de la ciudad de Olavarría, demuestran en su gran mayoría una subestimación a las normas de tránsito preocupante, exceden los límites de velocidad con frecuencia en avenidas y calles, no frenan en las esquinas, entran en las avenidas sin tener en cuenta la circulación presente en la vía de dos manos, estacionan en doble fila, pero claro, con las balizas puestas, como si eso los eximiera de la falta que están cometiendo o estacionan con frecuencia sobre sendas peatonales. Además, en el caso de las motos, utilizan las rampas destinadas a las sillas de ruedas para subir a las veredas circulando, lo que genera una situación potencialmente peligrosa para los peatones, siendo la acera, el único lugar donde pueden circular libremente.

¿Qué es lo más preocupante? Que si hacemos una encuesta a todas las personas que circulan a diario por la ciudad sobre cómo manejan, todas responderán, “yo manejo bien, el problema son los otros”. Entonces, si manejamos bien, ¿por qué se producen los siniestros?

A la circulación a velocidades elevadas se suma la distancia de seguimiento inadecuada.

¿Qué es la distancia de seguimiento o de seguridad? Es la distancia que debo mantener al vehículo que va por delante de mí, de esta manera, en caso de que tenga que frenar abruptamente por la situación que sea, me permite a mi poder detenerme sin llegar a impactarlo, como sucedió hace unos días en el cruce de la ruta nacional 226 y la avenida Pellegrini o como se dio en el caso del puente de la avenida Colón o como ha pasado más de una vez frente a la terminal de ómnibus.

En la tarde de ayer se conoció el caso de un vehículo que terminó arriba de la vereda, donde según trascendió el conductor se encontraba alcoholizado. A la tarde, en una de las avenidas más transitadas de la ciudad, a metros de una plaza y en un horario donde es común que circulen peatones por la zona. Otra imprudencia de un conductor.

Al desapego a las normas ya mencionado, se suma la falta de controles y controlar no se trata de ponerle un policía a cada persona que circula en el asiento del acompañante. Las ciudades que mejoraron sus indicadores de siniestralidad vial no lo hicieron con medidas estéticas, de carácter más electoral que funcional, lo hicieron controlando y sancionando a quienes infringían las normas de tránsito. El exceso de velocidad, la alcoholemia, la falta de apego a las normas mata.

En una ciudad donde la desaprensión a las normas es moneda corriente y donde los controles escasean, el usuario cree que puede hacer lo que quiera sin consecuencias y eso sucede a diario en la ciudad, porque la mayoría de los usuarios de la vía pública hace lo que quiere sin consecuencias. Mientras esto siga así, no vamos a obtener resultados distintos.

(*) Ingeniero Civil-Tesista en Seguridad Vial- Promotor Comunitario de Seguridad Vial.