Hidrógeno verde: investigadora de la FIO analiza el impacto local de este combustible

La Ing. Daniela Keesler capitaliza el trabajo ya desarrollado por la academia y analiza la situación desde una Olavarría con más chances de consumo que de producción.


“En la FIO ya venimos trabajamos con escenarios energéticos y el hidrógeno verde es parte de la solución para salir de los combustibles fósiles”, explicó la ingeniera Daniela Keesler, investigadora del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía (cTAE) de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN y voz autorizada en energías renovables. Por eso, destaca que la problemática esté en la agenda de discusión y se entusiasma con los intentos de políticas públicas, inversiones y encuadres legales que se perfilan a nivel país.

 

 

En ese contexto, habría margen para que el hidrógeno verde se posicione como una de las energías del futuro determinantes a la hora de descarbonizar la estructura productiva y así atenuar el impacto del cambio climático.

 

 

¿Cómo se genera y dónde está? A partir de electricidad procedente de energías renovables y mediante un proceso llamado “electrólisis del agua, donde se separa el oxígeno del hidrógeno, se produce el hidrógeno verde que es uno de los elementos más abundantes de la Tierra pero no está solo sino combinado”, planteó la Ing. Keesler.

 

 

El hidrógeno es un elemento químico presente en el agua y en los hidrocarburos que al ser procesado como hidrógeno verde ofrece como valor agregado no generar emisiones de gases de efecto invernadero. “Se produce a partir de energía eólica o solar” con un enorme potencial para “descarbonizar el transporte y las industrias que consumen mucha energía como la del acero, el cemento o las papeleras”, ejemplificó la investigadora.

 

 

En condición de hidrógeno verde puede usarse como combustible porque “tiene más poder calorífico que los combustibles fósiles y sirve para innumerables actividades como el transporte, hornos de cemento, papeleras y la industria del acero e incluso en las centrales térmicas, para generar energía eléctrica”, graficó la experta.

 

 

Un punto a considerar es la utilización de agua que demanda su obtención: “Todo depende de dónde se extraiga. En el mundo hay muchísima agua y no sería contraproducente, excepto que sea en zonas donde hay crisis hídrica y ahí habría que analizarlo”, advirtió Keesler.

 

 

Condicionantes locales

 

En medio de un escenario incipiente y a la vez desafiante cabe preguntarse qué lugar ocupa Olavarría: El Partido no tiene grandes depósitos de agua y la opción sería el arroyo o las napas pero habría que hacer estudios y ver qué capacidad real existe. Quizá no sería el lugar donde poner una planta sino elegir sitios donde haya recurso de agua y energías renovables abundantes”, apuntó la especialista.

 

A nivel local sí hay “un buen recurso solar y la provincia de Buenos Aires tiene buenos vientos pero se tiene que dar la conjunción de las energías renovables más el agua disponible. Habría que analizarlo, hacer un balance. Es una tecnología totalmente nueva, no hay grandes plantas en el mundo y recién están empezando los primeros desarrollos, con pruebas piloto, observó la ingeniera, con precaución.

 

Es una energía limpia que no genera residuos ni contaminantes en ninguna parte de su cadena productiva. Además “se puede transportar. Es una molécula muy pequeña, que se filtra fácilmente. Es necesario considerar que puede tener fugas y es un producto inflamable por lo que hay que disponer de tecnologías adecuadas, reflexionó la investigadora de la FIO.

 

 

 

Inversiones y expectativas

 

Argentina tiene potencial para producir hidrógeno de manera competitiva y contribuir en la transición hacia una matriz energética renovable. Ahora, ¿existe un encuadre legal que acompañe este proceso?

 

 

“Está la ley de Hidrógeno 26123 que no contempla el hidrógeno verde pero hay un proyecto para modificar dicha ley e incluirlo. Desde el Gobierno se está tratando de impulsar el tema y el hecho de que esté en agenda es muy importante porque el hidrógeno verde va a ser parte de la transición energética, la solución para reducir gases de efecto invernadero”, remarcó la Ing. Daniela Keesler.

 

 

El tema cobró protagonismo la semana pasada en la cumbre mundial del clima que se realiza en Glasgow. Allí el presidente Alberto Fernández anunció que la empresa australiana Fortescue invertirá US$ 8.400 millones para producir hidrógeno verde en la Patagonia argentina y generará más de 50.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. La aspiración es producir 2,2 millones de toneladas en 2030.

 

 

“Que venga una empresa extranjera a invertir es bueno, genera puestos de trabajo, en la inversión y operación. Hay que analizarlo y que quede el know how en el lugar. Formar recursos locales. Habrá que analizar la oferta y la demanda, ver cómo transformar y acondicionar los consumos para utilizar hidrógeno verde a escala nacional, evalúo con optimismo la especialista.

 

 

Desde la FIOya venimos trabajamos con escenarios energéticos y el hidrógeno verde está contemplado porque es parte de la solución para salir de los combustibles fósiles. Poder almacenarlo da la ventaja, con energía solar o eólica. Cuando se modelan posibles escenarios bajos en carbono, el hidrógeno verde juega un papel fundamental”.

 

Es una gran oportunidad y a la vez un enorme desafío. “Nos da sustento para seguir analizando escenarios que lo incluyan como combustible. Desde el Gobierno se está incentivando a la academia y al sector científico a colaborar, investigar”, expone la especialista que ha participado de estudios que avanzan sobre una nueva matriz energética y definen estrategias para lograr la carbono neutralidad hacia 2050.

 

 

“La FIO tiene muchísimo para desarrollar, trabajar y participar”, aseguró la ingeniera.

 

 

¿Hay posibilidades concretas de producir hidrógeno verde localmente? “Habría que analizarlo. Olavarría sería más foco de demanda, por ejemplo, en las grandes cementeras que podrían usarlo para sustituir enormes cantidades de combustibles fósiles”, señaló sobre el final la Ing. Daniela Keesler, centrando las expectativas locales en los consumos y no tanto en la generación de este elemento que es el más abundante de Universo y hoy es parte de la negociación ambiental.

 

 

Fuente: Prensa y difusión de la Facultad de Ingeniería de Olavarría.