¿La gestión? del tránsito

El tema de esta columna estaba más cantado que Despacito de Luis Fonzi, nombre que no viene nada mal para indicarnos como tenemos que circular en la ciudad.


 

Por: Marcos Pascua

 

Es difícil aislarse de lo que pasó la semana pasada, no solo con los diez siniestros y catorce heridos en un día, sino con la secuencia de como venía la semana y como siguió la primera semana de mayo.

 

En principio es importante resaltar en que esto no es lo normal, pero sí es una advertencia de una situación cada vez más preocupante, en el que la gestión actual deja mucho que desear y que demuestra que no es de su interés trabajar en este tema.

 

Sí, es cierto que conducir responde a una responsabilidad individual, todos y todas conocemos las normas de tránsito y debemos respetarlas, pero qué pasa cuando esto no es así, ¿dejamos que todo “fluya” mientras vemos como aumentan los siniestros viales, los heridos y como se ocupan recursos del Estado como consecuencia de situaciones que pueden ser evitadas?

 

Está claro que en Olavarría nos cuesta compartir el espacio público, no sabemos convivir en el tránsito y esto deriva en situaciones como las que vimos el viernes pasado, de las cuales nos enteramos, pero a diario ocurren muchas otras situaciones peligrosas que no terminan en siniestros.

 

Imprudencia

 

Sin duda, una de las principales características de los usuarios de la vía pública es la imprudencia o la desaprensión a las normas de tránsito, un poco porque somos así y otro poco porque sabemos que violar las normas de tránsito en la mayoría de los casos no tiene consecuencias. En nuestra ciudad se excede la velocidad a diario, se conduce utilizando el teléfono celular o en estado de ebriedad, se estaciona en doble fila, las motos suben andando a las veredas, se dobla a la izquierda cuando no está permitido o se gira en “U” en una avenida sin ningún tipo de sanción.

 

Otro punto no menor es la falta de formación, tema repetido en este espacio. No se forma personas para conducir, es que claro, nadie nace sabiendo manejar y como no hay espacios de aprendizaje formales, es un saber que se traslada de generación a generación sin ningún tipo de regulación. En definitiva, todos y todas aprendemos a conducir y creemos que lo hacemos bien, ahora, si todos manejamos bien ¿por qué chocamos?

 

Responder bien unas preguntas, maniobrar medianamente bien en un circuito que no representa las condiciones cotidianas de conducción es suficiente para obtener nuestra licencia de conducir, una licencia que nos habilita a conducir en el norte, el sur y la región pampeana, como si las condiciones para hacerlo fueran totalmente homogéneas en todo el país.

 

Hace poco se comenzaron a implementar charlas informativas o de instrucción, medida que recobró trascendencia la semana pasada. Muchos municipios llevan adelante este tipo de medidas que no son efectivas, porque no forman personas para conducir, sino que facilitan o ayudan a la realización de un trámite. Las ciudades donde se redujo la siniestralidad no lo hicieron con una charla explicándole a la gente lo que ya sabe.

 

Por un lado, conducir requiere de saberes teóricos de mecánica, de física, matemática y hasta de química y por otro requiere de saberes prácticos que no se corresponde con saber estacionar o circular a 10 km/h en un circuito estrecho, sino que tiene que ver con prácticas de manejo defensivo, donde lo que se busca es exponer de forma segura a situaciones de la cotidianeidad del tránsito con el objetivo de fijar conocimientos a través de la experiencia.

 

Estado Ausente 

 

Como te comentaba en la introducción, no sabemos compartir el espacio público porque no respetamos las normas de tránsito y no dimensionamos la responsabilidad que implica conducir. Es allí donde debe intervenir el Estado para ordenar esta situación, pero no solo que no interviene o lo hace con medidas poco efectivas, sino que además no demuestra ningún tipo de interés en reducir la siniestralidad vial o sus consecuencias en la ciudad.

 

La intervención del Estado puede ser o debe ser desde varios frentes, de la educación o formación ya hablamos, pero también debe intervenir desde el control, desde la legislación y desde la infraestructura. Vamos por parte.

 

Como consecuencia de la falta de formación y la imprudencia se pueden ver a diario excesos de velocidad, conducción con el celular, en estado de ebriedad, giros en “U” y giros a la izquierda donde no está permitido hacerlo. Es allí donde deben estar los controles para garantizar una convivencia pacífica en el espacio público, pero si los controles no están, son pocos o están abocados a pedir “papeleo”, en la sociedad se instala la idea de que violar las normas de tránsito no tiene consecuencias y claro, cuando las tiene, en general es un siniestro vial y no una sanción.

 

 

Desde la legislación se puede avanzar en normas que tengan como objetivo pacificar el tránsito, pero claro que sin el control no serán efectivas. Hace poco menos de un año en el HCD se presentó un proyecto de ordenanza para reducir la velocidad de circulación en la ciudad, aun permanece ahí sin ningún tipo de definición, en la comisión de infraestructura que es presidida por el oficialismo.

 

La infraestructura también cumple el rol clave a la hora de pacificar el tránsito, no hablamos ni de lomos de burro o reductores de velocidad que han avanzado de forma prolífera en la ciudad sin lograr reducir la velocidad de circulación. En este sentido hablamos de infraestructura que requiere recursos económicos y otra que no tanto, que solo requiere voluntad, desde la creación de zonas calmas en las zonas de mayor afluencia, la creación de peatonales transitorias o ciclovías que fomenten el uso seguro de la bicicleta u otras infraestructuras que desalienten el uso del vehículo privado motorizado que es el principal involucrado en los siniestros viales, sí, los autos y las motos se encuentran presentes en un 70% de los hechos.

 

 

En Olavarría, ¿se choca mucho o poco?

 

La estadística nos permite tener una visión más objetiva del panorama y permite optimizar recursos aplicando medidas donde es necesario hacerlo, pero la realidad es que, al día de hoy, no tenemos la estadística de siniestralidad vial del año 2021. Vale recordar que el año pasado ese informe estuvo disponible los primeros días de marzo.

 

Con la estadística publicada el año pasado que responde al año 2020, permite tomar dimensión de la problemática con respecto otros municipios y las tasas en la ciudad son preocupantes. La tasa de siniestralidad en Olavarría en el año 2020 fue de 627,53 siniestros por cada 100 000 habitantes mientras que, en Bahía Blanca, un municipio que duplica la población de nuestra ciudad esa tasa fue de 512,75 siniestros por cada 100 000 personas.

 

Incluso, cuando analizamos la tasa de mortalidad, en Olavarría en 2020 fue de 9,99 fallecidos por cada 100 000 habitantes, mientras que en municipios como Mar del Plata o La Plata esa tasa fue de 4,27 y 4,62 respectivamente, ambos municipios con una población mucho mayor a la de Olavarría.

 

Conclusiones

 

Como te decía el principio de esta nota, no es la normalidad, pero sí es un gran llamado de atención para trabajar en serio en la temática, trabajo que requiere de la política, la que gestiona y la que es oposición, de profesionales comprometidos y de las compañías aseguradoras que ven este tema muchas veces en términos económicos y no tanto de salud pública.

 

Mientras tanto, a la sociedad el rol que le ocupa es el de respetar las normas de tránsito y el de exigir políticas efectivas de seguridad vial y movilidad urbana, después de todo, en el espacio público nos encontramos todos y todas.

 

Como siempre, gracias por leer.

 

Hasta la próxima.