“Hay que pensar la posibilidad de construir un feminismo que de respuesta a todas”

Así lo remarcó Georgina Orellano,trabajadora sexual y activista, en su visita a Olavarría. Su libro, la relación con su familia y la maternidad, la violencia policial y el rol del Estado.


En la tarde de este viernes Georgina Orellano presentó su libro, “Puta Feminista. Historias de una Trabajadora Sexual“ en el Ateneo Néstor Kirchner. Orellano es trabajadora sexual, activista por los derechos de las trabajadoras sexuales y Secretaria General de AMMAR-CTA desde marzo de 2014.

 

“Puta Feminista. Historias de una Trabajadora Sexual” fue editado en abril de este año y publicada por la editorial Sudamericana: “Cuenta historias individuales tanto como colectivas de las personas que ejercemos el trabajo sexual y estamos organizadas dentro de AMMAR, que es el sindicato de Trabajadoras y Trabajadores Sexuales en Argentina. Trata de ser una herramienta para humanizar y poder acercar nuestra realidad” relató Orellano.

 

 

“Nosotras nos consideramos trabajadoras que no eligen libremente qué trabajo realizar, que trabajan en malas condiciones laborales pero que se organizan para mejorar esas condiciones. Para exigir derechos y salir de la clandestinidad. Que denuncian las principales violencias que padecemos por ejercer un trabajo sin marco legal y sin presencia del Estado. Nos reivindicamos trabajadoras. Nosotras queremos que el trabajo sexual sea reconocido como trabajo, poder tener acceso a derechos como obra social y aporte jubilatorio y sobre todo dejar de padecer la violencia sistemática que padecemos históricamente por parte de la policía” contó en el marco de la presentación de su libro.

 

Sobre las corrientes abolicionistas desde el feminismo, expresó que “creo que no hay un único feminismo. Hay muchos feminismos, de pensarte feminista, hay muchas corrientes dentro del movimiento. Hay quienes acuerdan con el reclamo nuestro, quienes se oponen. Me parece que hay que pensar la posibilidad de construir un feminismo que de respuesta a todas las compañeras y que haya derechos para todas. Alternativas laborales para las que quieran otra opción a la prostitución, pero a la vez también derechos sexuales para las que decidimos ejercer el derecho sexual”.

 

Sobre el libro y la visión desde la literatura 

 

 

Orellano explicó que “puta es lamentablemente una palabra utilizada en nuestra sociedad como un insulto, pero a la vez es nuestra identidad política. Hay que dar una batalla cultural en ese sentido, desde el lenguaje. Tiene que ver con el estigma que hay hacia nuestro trabajo. Por otra parte, la palabra feminista fue porque ha sido un recorrido que hemos transitado desde la organización de reconciliarnos con el feminismo”.

 

Hay muchos libros escritos sobre nosotras, y los libros también forman parte de nuestra cultura y de la construcción de narrativas, estereotipos e imaginarios sociales. En el campo de la literatura siempre fuimos escritas desde una mirada victimizante y desde un lugar muy secundario, entonces es un lugar de disputa que podamos tener un espacio propio, nuestra escritura. Nosotras también podemos escribir libros y no queremos ser más objeto de estudio. Somos sujetas políticas, queremos transmitir nuestra propia realidad, nuestro propio marco teórico que construimos en el territorio y en el sindicato” remarcó la escritora.

 

Además, Orellano destacó que el libro tuvo buenas repercusiones y que está siendo traducido al portugués, al italiano, y al croata. También contó que en lo que queda del año tiene presentaciones en varias provincias de la Argentina “incluso en algunas provincias donde las trabajadoras sexuales no están organizadas como Catamarca y La Rioja y que la presentación del libro posibilitó que se instale la discusión del trabajo sexual”.

 

Su relación con la maternidad 

 

 

“Vivo la maternidad sin culpa. Acompaño a mi hijo lo que más puedo. Además, decidí la militancia también como un proyecto de vida y también es parte de la vida cotidiana de él. Mi hijo tiene 15 años y desde muy chico ha sabido de mi militancia y de mi trabajo por una decisión personal de no ocultarle a que me dedicaba y poder hablarle con la verdad. Había dos lugares en principio que no lo podíamos decir: la casa de la abuela y la escuela. Eso fue lo más difícil porque eran los espacios que él transitaba” relató Orellano.

 

Además agregó que “mi hijo se ha criado en un espacio donde siempre ha estado rodeado de trabajadores sexuales y ha tomado herramientas para defenderse frente a cualquier situación de discriminación, que por suerte no han sido muchas. En la escuela he tenido un muy buen acompañamiento por parte de los docentes. Sus amigos y amigas saben de que soy trabajadora sexual y eso para mí es gratificante”.

 

“Con respecto a mi familia fue muy difícil contarle a mi mamá que yo era trabajadora sexual. Ella es empleada de casa particular, se pudo jubilar hace pocos años. Quedó viuda desde muy joven con muchos hijos. Vino con 14 años desde Santiago del Estero, no fue a la escuela y tuvo menos herramientas. Tuve la suerte de que primero me escuchó y después me acompañó. Respeta mi militancia y la organización”.

 

Reclamos hacia el Estado 

 

 

Orellano remarcó que se siguen vulnerando los derechos humanos en las calles con “las respuestas de la policía y su violencia institucional. Muchas veces los municipios no han sabido abordar de manera integral esa situación tan compleja de las compañeras”.

 

“Estamos convencidas de que el Estado tiene una deuda con nosotras y nos debe derechos y políticas públicas. Hay compañeras que denuncian violencia institucional, que fueron desalojada, que no tiene para comer, que el alquiler se lo cobran el doble porque saben a que se dedican. Compañeras que transitan procesos judiciales de ex parejas y que ponen bajo la lupa judicial su trabajo. Parece ser que ser trabajadora sexual te inhabilita también a poder desarrollar una maternidad de manera plena y tienen que rendir cuentas de si son buenas o malas mamás. Todo esto nos fortalece más en que en definitiva todo eso cambiaria si nuestro trabajo fuera reconocido. La violencia policial sigue siendo parte de nuestra realidad desde procedimientos, persecución y expulsión del espacio público” expresó.

 

Por último Orellano se refirió al sindicato AMMAR: “No nos pensamos por fuera del movimiento sindical, no estaríamos hoy donde estamos. Nos dio una conciencia social, pensarnos dentro de una clase trabajadora, articular con otros sindicatos y aprender de las herramientas sindicales, compartir experiencias con otros trabajadores. Para nosotras la herramienta sindical sigue siendo lo fundamental en nuestro ámbito de trabajo. De todas maneras, una de las cosas que seguimos padeciendo es el estigma de ser trabajadoras sexuales y ser sindicalistas. Siguen haciéndole mala prensa y eso hace que tengamos que reforzar más nuestros talleres de sindicalización”.