El potencial de la bicicleta

¿Es útil invertir en ciclovías en localidades y pueblos? Marcos Pascua analizó el caso de General Ramírez donde se desarrolló un proyecto integral que pensó en una movilidad más ordenada, segura y sostenible en el tiempo.


Por: Marcos Pascua

 

Durante el XVIII Congreso Argentino de Vialidad y Tránsito, en uno de los paneles se dio una charla muy interesante sobre un proyecto de ciclovías. Me llamó particularmente la atención porque cuando se habla ciclovías, estamos acostumbrados a escuchar o a leer su uso en ciudades grandes como la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba o Rosario, pero qué pasa en ciudades más pequeñas o en pueblos, cómo es la movilidad en ciudades de 200.000 habitantes o en pueblos de 13.000 habitantes en el suroeste de la provincia de Entre Ríos. Cómo se mueven sus habitantes, qué vehículos usan y para qué, ¿es útil invertir en ciclovías?, ¿por qué?

 

Un poco de eso hablamos con María Laura Ceballos, arquitecta y actual Secretaria de Obras y Desarrollo Urbano en la Municipalidad de General Ramírez y con Pablo Omarini, abogado y actual Secretario de Gobierno, Economía y Coordinación en la Municipalidad de General Ramírez, Entre Ríos, que amablemente accedieron a contar cómo fue el proceso ese proceso de llevar adelante un proyecto de estas características.

 

 

General Ramírez es un pueblo de 13.000 habitantes ubicado en el suroeste de la provincia de Entre Ríos, donde las principales actividades son el agro (cereales y oleaginosas), la ganadería y la industria entre las que se destacan, las de aberturas de aluminio, neumáticos, metalúrgica, alimentos, jugos y procesados. El parque industrial se ubica en el acceso a General Ramirez, sobre la vía “República de Entre Ríos”, luego comienzan aparecer viviendas de menor consolidación hasta que llegás al centro, donde está la mayor concentración residencial.

 

El comienzo

 

“Durante el año 2016, en el primer año de gestión, se trabajó en la capacitación de agentes de tránsito a través de un curso universitario que pensamos en conjunto con la Universidad de Entre Ríos y el grupo asegurador La Segunda”, comenzó comentando Pablo. “Allí surgió el tema de la movilidad sustentable como concepto en la ciudad y nos dimos cuentas que no podíamos pensar en un plan de seguridad vial, sin saber cómo se moviliza la gente”.

 

¿Qué decisiones toman, ¿cómo se mueven?, ¿qué recorridos hacen?, fueron algunas de las preguntas que se hicieron desde el Ejecutivo. Ahí fue donde notaron que la bicicleta era una alternativa y comenzaron a pensar en cómo dotarla de seguridad y darle un lugar en el espacio público.

 

Una de las primeras propuestas que surgieron desde el municipio fue la de celebrar el Día Mundial sin Auto, día que se celebra el 22 de septiembre de cada año. Allí premiaron a personas que históricamente se movieron en bicicleta y comenzaron a darle mayor visibilidad a este vehículo.

 

“Luego, en 2017, surgió un plan de infraestructura muy importante para la ciudad que es el plan Hábitat, dicho plan implica la transformación de un barrio en lo que tiene que ver con el acceso a la infraestructura básica y al desarrollo humano, en ese plan logramos plantear la construcción de una bicisenda que conecte a ese barrio con el centro de la ciudad. Consideramos que la movilidad es un servicio básico tanto como el agua, para que la gente del barrio se pueda mover de una manera segura en un medio de transporte sustentable y equitativo. Ese fue el disparador de cómo empezó la idea” destacó Pablo.

 

 

No fue un proceso fácil

 

María Laura Ceballos nos comentó, “teníamos pensado un proyecto de red, pero consideraba a la bicicleta como vehículo recreativo, cuando fuimos al Ministerio de Transporte de Nación, nos dijeron que pensemos a la bicicleta como medio de transporte”, eso fue algo que les llamó la atención, pero “nos dimos cuenta que pensando en la bicicleta como medio de transporte se alineaban todas las problemáticas en las que queríamos trabajar”.

 

Entre las preguntas que se hicieron para comenzar a pensar en el proyecto fueron, ¿para qué voy a usar a la bicicleta?, ¿dónde voy a ir? y ¿con qué me voy a conectar?

 

Allí fue que empezaron a pensar la ciudad en base a eso, “si salgo de mi casa tengo que poder llegar al centro de una manera segura y eso fue lo que perfiló el proyecto, porque hizo que empecemos a estudiar los atractores de viaje y así poder definir que queríamos conectar”.

 

Los principales puntos que decidieron conectar fueron las escuelas, equipamientos deportivos y el parque industrial.

 

Además, María Laura comentó “hicimos hincapié en la demarcación horizontal y vertical, porque lo existente era solo una vereda que se ocupaba para andar en bicicleta y para caminar y no terminaba cumpliendo la función para que la había sido construida”. En cuanto a la construcción, “cumplimos siempre con la reglamentación que nos marcó el Ministerio de Transporte y cuando vimos la ciclovía en funcionamiento, nos dimos cuenta la importancia de las señales y de los materiales utilizados, cuando lo ves en funcionamiento y ejecución te das cuenta de la importancia que tiene”.

 

El derecho a moverse

 

Para María Laura, la ciclovía les dio un ordenamiento, “ordena la calle, la bicicleta va para un lado, el vehículo por otro y además tiene un lugar definido para estacionar”. En cuanto a la infraestructura, señaló que “la ventaja de los separadores plásticos es que permite que cuando alguien necesite, pueda utilizar ese sector, siempre y cuando no venga una bicicleta, claro”.

 

En cuanto al trabajo previo a la instalación de la ciclovía, Pablo nos comentó el trabajo de concientización que tuvieron que hacer con los vecinos y vecinas del pueblo, “la calle es un espacio público, es un espacio de uso compartido, no es el porte (del vehículo) lo que te da derecho, todos los usuarios y usuarias tienen los mismos derechos más allá del vehículo en el que se trasladen, lo que hace la ciclovía es jerarquizar a alguien que ya estaba circulando en el espacio y por ahí antes no tenía esa visibilización”.

 

Entre los testimonios que recogieron de los vecinos y vecinas, una de las cosas que encontraron es con la idea de que, con la ciclovía, los y las ciclistas iban a circular en contramano, a lo que Pablo señaló “la circulación en contramano es algo que ya pasaba, pero con la ciclovía bidireccional (un carril por sentido) le estamos dando mayor seguridad”.

 

 

La sinergia

 

Una vez finalizaron con el trabajo del plan Hábitat, comenzaron a trabajar en conjunto con el Ministerio de Transporte. Allí se encontraron con una Dirección de Transporte no Motorizado y fue desde donde les plantearon la idea de la bicicleta como medio de transporte. Fue un trabajo en conjunto donde desde el Ministerio les propuso un plan, viajaron a General Ramírez a realizar las mediciones, intercambiaron una serie de devoluciones con el Municipio donde le dieron una bajada más territorial y así finalizó la primera etapa. Casi un año después llegó el financiamiento y ahí llegó lo que Pablo denominó como “el momento crítico”.

 

La disputa del espacio público y las alianzas estratégicas

 

El desafío de la ciclovía Pablo lo describió de la siguiente manera, “la punta de lanza del proyecto fue la ciclovía, no la bicisenda, porque ahí te metés en la calle y empezás a disputar el espacio público y el vecino que estaba cómodo transitando empieza a notar que el ancho de su calle es menor”.

 

La construcción de la ciclovía fue acompañada de una serie de medidas, “nosotros prohibimos el estacionamiento de vehículos pesados y la velocidad de circulación es de 30 km/h. El discurso que tratamos de llevar es que todos iban a poder seguir haciendo lo mismo que hacían antes de la ciclovías, solo que ahora las reglas están más claras y en un contexto de convivencia, la ciclovía genera la disminución de velocidad de circulación por una cuestión de persuasión, ese fue el paso más difícil de el proyecto, tuvimos que enfrentarnos a las dudas de vecinos y vecinas y es ahí donde cobran valor las alianzas estratégicas que podés hacer. Por ejemplo con una ONG que trabajan en el ciclismo y nos ayudaron en el casa por casa a llevar la idea, que no era solo una cuestión del Ejecutivo, sino también de un montón de personas más interesadas en trabajar en el tema.

 

Pero no solo se trata de la ciclovía, sino de un plan integral de movilidad donde, “trabajamos el tema de seguridad vial en la escuela, donde le enseñamos como moverse en bicicleta o caminando, hicimos trabajos con ONG donde hacemos carreras recreativas donde se les da a los chicos que participan medallas y una merienda saludable”.

 

 

También Pablo nos comentó sobre esas alianzas estratégicas con las que trabajaron, “hicimos un trabajo con los bicicleteros de la ciudad y en algunas bicicleteadas ellos fueron a dar un taller de arreglo de bicicletas, además, hicimos un festival de descuentos en el mes de la movilidad sustentable donde tenías descuento en compras de bicicletas y accesorios”, con mucho orgullo también resalta que “hoy vas a la escuela y los bicicleteros están llenos”.

 

Otro programa que llevaron adelante fue el de “Ruedas Solidarias”, un trabajo donde vecinos y vecinas donaban sus bicicletas en desuso, la Municipalidad se encargaba de los materiales, los bicicleteros las arreglaban y se donaban a las escuelas para quienes más las necesitaban.

 

 

Además, hicieron una campaña de comunicación donde fueron a explicarles a vecinos y vecinas por dónde iba a pasar la traza y en qué consistía el proyecto.

 

En este sentido, María Laura acotó, “fuimos de menos a más, comenzamos en el 2016 celebrando el Día Mundial sin Automóvil y ejecutamos la obra en 2019, fue un trabajo social y comunicacional de tres años, un trabajo constante”.

 

 

El proyecto

 

La ciclovía tiene una extensión de 4,7 kilómetros que se conecta con las bicisendas existentes previamente, atravesando el pueblo y conectándolo de sur a norte. Es una ciclovía bidireccional de 2 metros de ancho hasta los cordones plásticos, lo que deja un ancho de calle de 5 metros para estacionar y circular. No se permite estacionar ni detenerse en la mano de la ciclovía y busca conectar -como mencioné al principio- los principales atractores de viaje como las escuelas, el parque industrial y los equipamientos deportivos. Sobre su uso, destacaron que aumentó notablemente y sobre las opiniones de vecinos y vecinas mencionaron que ahora notan que las bicicletas pueden circular más tranquilas y que son cada vez más los niños y niñas que van a la escuela en bici.

 

 

El desafío

 

Lejos del ruido de la Avenida Libertador en la ciudad de Buenos Aires, bastión de la disputa del espacio público entre ciclistas y “cochistas” en la actualidad, hay proyectos integrales que piensan en una movilidad más ordenada, segura y sostenible en el tiempo, donde los usuarios de la vía pública tengan su lugar en espacio público independientemente del vehículo en el que decidan moverse.

 

Las sociedades modernas tienen un desafío urgente, el cambio climático, donde el transporte motorizado es una de las principales causas y es allí donde urge la necesidad de repensar las ciudades en función de modelos más amables con el ambiente, más seguros y más saludables. Para eso se necesita técnica, comunicación, pero sobre todo voluntad política de avanzar en estos cambios culturales que serán necesarios hacer en ciudades de 3 millones de habitantes, como en un pueblo de 13.000.