El semáforo y la bicicleta

Estadísticas, ejemplos, y qué dice la normativa acerca de las bicicletas en el mundo vial. ¿Derribamos el mito de que hay más siniestros viales porque las bicicletas cruzan en rojo o no respetan señales de tránsito?


Por Marcos Pascua

Sí, vamos a hablar de la bicicleta. Si has leído columnas anteriores, seguro recordarás algo que se repite como una muletilla y es que “las ciudades están diseñadas para los automóviles” y que, a raíz de esto, otros usuarios de la vía pública sufren sus consecuencias, como les sucede a las personas que se trasladan a pie, a las que eligen moverse en bicicleta o las que se utilizan el trasporte público.

Si es la primera vez que lees, bueno, tal vez lo pienses o lo estés empezando a pensar ahora.

No solo las calles se pensaron para los automóviles, también las rotondas, los puentes, los semáforos, todo y de algo de eso vamos a hablar hoy.

Cuando se habla de seguridad vial, es muy común escuchar algunas de las frases “manejamos todos como locos”, “el tránsito es una locura” o “los ciclistas cruzan siempre en rojo” como las causas de la siniestralidad vial, pero cuánto de cierto hay en todo esto.

Las estadísticas

 

En principio tenemos que ir a las estadísticas, si vamos al caso, las bicicletas aparecen como víctimas o victimarios de un siniestro vial en muy pocas ocasiones, según lo publicado por Control Urbano, informe que podés encontrar acá, las bicicletas involucradas en un siniestro vial representaron en el año 2021 el 7,1% de los 444 siniestros ocurridos en Olavarría, lo que se traduce en 32 siniestros, de allí surge su baja participación.

En principio esto sucede porque la bicicleta es un medio de transporte seguro, ocupa poco espacio y circula a bajas velocidades lo que deriva en una menor distancia de frenado si tiene que frenar a cero. También se puede pensar que su baja participación en siniestros viales se da porque la bicicleta se usa poco en proporción respecto al automóvil, pero eso no deja de ser una percepción, ya que necesitamos números que no tenemos.

Siguiendo con las estadísticas, para saber cuántos de esos 32 siniestros en los que participaron las bicicletas son consecuencia de no respetar el semáforo, necesitaríamos saber cuáles son las causas de esos siniestros, estadísticas que tampoco tenemos.

Por último, lo que se suele ver en las noticias de siniestralidad vial donde aparecen las bicicletas involucradas en un siniestro vial, en su mayoría, tiene que ver con automovilistas que abrieron la puerta sin mirar hacia atrás y golpearon a un o una ciclista.

Por lo tanto, si tenemos en cuenta las estadísticas publicadas por Control Urbano, donde en 32 de 444 siniestros, lo que se traduce en 7 de cada 100, se encuentran presentes las bicicletas y que en la mayoría de los casos tiene que ver con una puerta que se abre sin mirar o alguna mala maniobra que deriva en la caída de quien se mueve en el vehículo de dos ruedas, es difícil pensar que el tránsito está como está, como consecuencia de ciclistas que cruzan en rojo.

Ley Nacional de Tránsito

 

Bueno, todo bien, pero qué dice la Ley Nacional de Tránsito, la N°24449.

La luz roja en un semáforo obliga a todos los vehículos a detenerse y la bicicleta como un vehículo más, debe detenerse. Y desde este espacio no vamos a alentar a infringir la ley, pero si vamos a invitarte a pensar.

Idaho Stop

La energía requerida por un vehículo es mucho mayor cuando a ese vehículo hay que sacarlo del reposo, que cuando se requiere aumentar la velocidad luego de desacelerar (sin llegar a cero), algo que los vehículos motorizados hacen mediante la mecánica de un auto o una moto, pero que los y las ciclistas hacen con su cuerpo y es allí donde probablemente erradique la causa del no respeto de los semáforos de algunas personas que circulan en bicicleta.

Atendiendo a esta situación, es que, en algunos estados de Estados Unidos, se comenzó a aplicar la ley Idaho, que permite al o a la ciclista, al toparse con un semáforo en rojo, a disminuir la velocidad, mirar hacia ambos lados y en caso de que no venga nadie, puede cruzar la intersección sin detenerse. Es una ley que se está comenzando a aplicar en otras ciudades como, por ejemplo, París.

Pero, ¿no respetar un semáforo es más seguro que respetarlo?, es una respuesta difícil de responder, tampoco hay estadística que avale que esta práctica sea más segura y tampoco me animaría a decir que es sencilla de aplicar en todas las ciudades o en todas las intersecciones, pero sí me parece un punto de partida para comenzar a analizar la situación.

Sin ir más lejos, no es ni más ni menos que lo que suele hacer cualquier peatón en una intersección semaforizada, que en caso de que no venga nadie, cruza, aun cuando tiene prohibido el paso.

Esto no quiere decir que hay que legalizar todo lo que sucede de hecho, pero sí algunas situaciones nos pueden obligar a repensar como se diseñan las ciudades y para quiénes.

Un semáforo para los ciclistas

 

El subtítulo puede ser bueno para una campaña, es que las bicicletas no implican el riesgo que sí implican otros vehículos motorizados, pero tampoco es lo mismo que una persona que circula a pie, por lo tanto, requieren de un tratamiento diferencial.

Una primera medida para ciclistas en los semáforos debieran ser zonas exclusivas de detención, de las que en alguna oportunidad hemos hablado. Un rectángulo detrás de la senda peatonal que permita a ciclistas esperar el semáforo en forma segura y que les de además el tiempo necesario para arrancar cuando el semáforo permite el paso, sin tener que hacer malabares entre autos que aceleran y desaceleran.

Pero para explicarlo de una manera más sencilla, te dejo una imagen.

Otra opción es pensar en la instalación de un semáforo para ciclistas, Mar del Plata lo incorporó en su flamante ciclovía, una señal diseñada para los flujos de los y las ciclistas que circulan por el carril exclusivo. Esta opción además de ser interesante para las intersecciones con ciclovías, también podrían pensarse en las intersecciones semaforizadas que conocemos.

En vialidad urbana hay un término que se conoce como “todo rojo”, que es el momento en que todos los semáforos de una intersección se encuentran en rojo al mismo tiempo, concepto que nos sirve para entender el “todo verde”, una medida que se aplica en Países Bajos en algunas intersecciones y que permite durante un período de tiempo, cruzar en todas las direcciones a ciclistas, luego llega el turno de los autos que pueden cruzar la intersección libre de otros vehículos como la bicicleta.

Esto se puede diseñar según el tipo de cruce, la zona y el flujo de ciclistas, pero, por ejemplo, se podría pensar en un tiempo de 15 o 20 segundos donde se permita la circulación de las bicicletas en todos los sentidos simnultáneos, luego el rojo para los vehículos de dos ruedas y recién allí se habilitaría el funcionamiento tradicional de los semáforos. Otra opción es un tiempo de paso exclusivo para bicicletas, pero en vez de hacerlo en forma simultánea para todas las calles que llegan al cruce, diseñarlo en forma individual para cada calle, el resultado sería el mismo.

Las rotondas

 

Este es otro gran problema, probablemente quien diseñó las rotondas en Olavarría nunca pensó la circulación de las bicicletas dentro de ellas. De la misma manera que hemos hablado de la importancia y la necesidad de contar con ciclovías, también es importante contar con la separación de los vehículos motorizados en las rotondas, algo que sucede en el paraíso de las bicicletas, Ámsterdam, o en ciudades como Mar del Plata, de donde es la imagen que vas a ver a continuación.

Conclusiones

 

Para ser aún más claro, existe una ley y todos los vehículos deben respetarla, autos, camiones y bicicletas, pero eso no quiere decir que las leyes están pensadas en forma equitativa para la totalidad de usuarios de la vía pública.

En todo caso será necesario estudiar como y dónde, pero el “Idaho stop”, el “todo verde” y los carriles exclusivos en rotondas buscan darle mayor visibilidad a quienes circulan en bicicleta e incluirlos dentro de un diseño vial, que, en la mayoría de los casos, lo excluye.

En ciudades que se expanden, con el cambio climático como principal desafío, la siniestralidad vial y la ocupación ineficiente del espacio público, será cada vez más necesario apostar a otras formas de movernos.