Un GIRO a la educación en residuos: ¿Qué nos enseñaron las escuelas?

La última columna del año queremos dedicarla a todas las escuelas que se acercaron al Programa y nos permitieron participar del círculo virtuoso que es enseñar.


Las sociedades avanzan y las ciudades crecen. Cambian las necesidades de los ciudadanos y, es de esperar, las redes de servicios públicos destinados a gestionar la satisfacción de esas necesidades. Un caso paradigmático que ejemplifica este movimiento en nuestras comunidades es la centralidad que ha cobrado en las últimas décadas la educación vial.

 

Algo muy parecido pasa con los residuos. Hoy tirar la basura como paradigma de gestión de los residuos es obsoleto y nocivo para el hábitat urbano. Es como insistir en manejar como se manejaba en 1980. Sin embargo, aprendimos, la información o el saber no necesariamente se traduce en un cambio de hábitos acorde. El uso del cinturón de seguridad, de los dispositivos para niños, la tolerancia cero al alcohol, etc. son cambios que han requerido y requieren de intervenciones en múltiples niveles –que empiezan en la escuela, en el nivel inicial más precisamente.

 

Hacia allá vamos, dijimos en GIRO. La experiencia con escuelas fue una de las más enriquecedoras, tanto con las charlas que realiza el Programa Giro como con los pilotos en escuelas, que nos permitieron comprender el funcionamiento de los establecimientos y cómo acompañarlos con facilitadores y soluciones de cambio de comportamiento aplicables en diversos contextos.

 

Lo primero que entendimos fue que había que desarrollar el campo de la educación en gestión de residuos dentro del ámbito escolar. Nuestras intervenciones no buscan ser teóricas y abstractas. Por el contrario, nuestro objetivo siempre es que efectivamente se produzca ese cambio de comportamiento que tiene que suceder para que un reciclable llegue a la planta de clasificación en condiciones o un resto de fruta o verdura a la pila de compost.

 

La charla GIRO brinda conocimiento profundo y especializado sobre la gestión de residuos, la separación en origen, el reciclado y compostaje, pero en el momento del cambio de servicio hacia la recolección diferenciada, las escuelas deben poder autogestionar la separación en 3 corrientes de manera práctica y eficiente para su funcionamiento.

 

En septiembre lanzamos una prueba piloto en una escuela primaria de Olavarría dentro de la zona de pilotos. Lo hicimos por etapas para acompañar el proceso de la escuela. También segmentamos diferentes grupos de acuerdo a su relación con la gestión de los residuos. Trabajamos con el personal no-docente de maestranza y comedor, por un lado, con una experiencia de instrucción ajustada a su rol en el sistema. Y por otro lado, trabajamos contenidos específicos con docentes y alumnos.

 

A partir de estos talleres, se resolvió instalar más tachos (que fueron autogestionados con elementos cotidianos) en todos los espacios para facilitar la correcta separación y una compostera para gestionar los residuos orgánicos del comedor y la sala de maestros.

 

Durante los días posteriores a la activación del piloto hicimos un seguimiento, los visitamos e intercambiamos whatsapps. Fue intenso porque todos queríamos aprender.

 

Así, fue la propia escuela la que primero entendió de qué se trata la nueva gestión de residuos y luego, a través de la experiencia del nuevo servicio, llegó a las soluciones necesarias para sí misma.

 

El trabajo codo a codo con escuelas nos permitió trazar la pista de aprendizaje básica para que cualquier institución educativa pueda separar sus residuos de manera exitosa. Aprendimos también que no hay mejor enseñanza que el ejemplo y que, en la medida en que se separen los residuos en la escuela, el mensaje se replica con más fuerza y legitimidad en los hogares.